Blog que os recomiendo; Santa María de los Reales Alcázares, Iglesia Mayor de Úbeda

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30 abr. 2009

VBEDA RECATADA Y LA CALLEJUELA DE HERNÁN CRESPO.


En Úbeda es fácil encontrar cientos de pequeñas viviendas que pasan los días al amparo de las grandes construcciones palaciegas.


En Úbeda es fácil encontrar cientos de pequeñas viviendas que pasan los días al amparo de las grandes construcciones palaciegas.

Un paseo por las auténticas calles de Úbeda mostrará tanto al visitante como al ciudadano, ciento de casas con blancas fachadas que se mezclan a la perfección con la esplendorosa arquitectura palaciega del siglo XVI. La original calleja de HERNÁN CRESPO, sita en el popular barrio de San Pablo, es una bella muestra muy ejemplar.

Sabemos expresar, que a ciencia cierta, las encaladas casas que pueblan este popular callejón, es uno de los rasgos más emblemáticos de la ciudad, que se hace más encantadora al visitante, en cada uno de sus pequeños rincones populares y recatados.

Como ya he expresado antes, la recatada calle de Hernán Crespo se encuentra situada en el viejo y popular barrio de San Pablo, un barrio donde de una manera más clara se puede apreciar las características de un trazado urbano medieval, bien conservado hasta nuestros días y sin cambios importantes. (Esperando y deseando que dure mucho más tiempo intacto). La impronta de la herencia hispano musulmana se manifiesta en una estructura que tiene como base, pequeñas manzanas irregulares y un entramado de calles estrechas y callejuelas, a veces laberínticas.

En las casas solariegas de los números tres y nueve, de esta calleja, se conserva sendas portadas de cantería, en el más puro estilo clásico, combinando con las populares fachadas blancas y el uso tradicional de la forja.

La primera casa, presenta curiosos emblemas religiosos, como la representación del “Monte Calvario”, en la clave del arco, y en las enjutas, dos ángeles alegóricos, sosteniendo una cartela cada uno con la siguiente leyenda: “O IHS DVLCISIMO”. Esta casa se conserva, en un estado lamentable de ruina.

Gracias al estudioso investigador local en heráldica, Juan Barranco, estamos al corriente, de que la casa solariega número nueve, debe su fundación a don Hernán Crespo Villanueva Beltrán y de los Cuartos. Por el cuál tomó nombre la calleja.

Este personaje a parte de ser Notario del Monarca, disfrutó del tratamiento como “hidalgo bragueta”, es decir como un hidalgo de padre de familia numerosa, que había engendrado siete varones llegados a la pubertad, hecho este calificado como proeza en unos momentos en que la mortandad infantil era muy elevada. El interior de esta casa es digno de ser visitado por el turista.

Atesorar el nombre de nuestras calles tal y como la tradición nos legó es una necesidad. El problema es que no siempre las “conexiones” con nuestro pasado cultural se mantienen. Es entonces cuando imperan consideraciones partidistas y sectarias, que llevan a cambiar la denominación para muchas de nuestras calles en virtud de la momentánea dirección ideológica que sople. ¿Es justo entonces que el nombre de nuestras plazas y calles dependa de este inconstante soplo? ¿Es que logran “impregnar” entre los ciudadanos las nuevas denominaciones? ¿Podríamos imaginar la calle de Hernán Crespo, tan sabrosa, histórica y sugestiva en su título, bajo el nombre de tal o cual activista político? Úbeda, nuestra patria chica, no se merece esto…

24 abr. 2009

LA PLAZA DE SANTA MARÍA DE BAEZA…



Ubetenses en la vecina, querida y hermana ciudad de Baeza, vestigio evocador del pasado histórico y místico de esta antigua ciudad, relicario de arte y grandeza en los hechos españoles de los siglos XVI y XVII.

Se asienta la actual Catedral Baezana sobre un antiguo templo pagano que fue después mezquita –la cual ocupaba lo que hoy es patio, claustro y parte del trascoro-, Alfonso VII la abrió en 1147 al culto cristiano bajo la advocación de San Isidoro y el rey Fernando III el Santo en 1227, la pone bajo la advocación de San Isidoro y la Natividad de la Virgen.

Quedan en ella restos musulmanes, mudéjares y góticos… La Catedral se levantó sobre una antigua mezquita que Alfonso VIII consagró al culto cristiano bajo la advocación de San Isidoro. En 1227 Fernando III le añade el título de Natividad de Nuestra Señora. En 1529 se iniciaron las obras de una nueva iglesia de tres naves de pilares góticos y bóvedas de crucería. En 1567 esta nueva fábrica se desplomó, tan sólo se salvaron los primeros tramos de la cabecera. Andrés de Vandelvira se encargó de hacer las nuevas trazas para la restauración. Tras la muerte del maestro en 1575, se encargó de la dirección Francisco del Castillo. A éste le sucedieron en las tareas de proyección y dirección, Villalpando y Alonso Barba.

La fachada principal, en la plaza de Santa María, tiene una portada manierista, en la que destaca el relieve de la Natividad de la Virgen. En un trozo del muro se conserva encajado el arco apuntado de la antigua puerta gótica.

En la primera foto de la plaza de Santa María,
efectuada en 1952 por Federico Adám; comprobamos que la torre y plaza de la catedral son diferentes como la conocemos actualmente, debido a la reforma urbanística de la zona realizada allá por la década de los años cincuenta.

La torre, tanto su primer cuerpo de forma cúbica, enmarcado por cuatro fustes de granito empotrados en sus aristas, como los tres arcos de herraduras cegados, ocultos en la zona que da a las cubiertas de la nave, delatan su origen musulmán, como alminar de mezquita, construido alrededor del siglo XI.

Tras la conquista de Baeza por Fernando III, se la añade la torre dos gárgolas y cornisa. Y a finales del siglo XIV se levantó un nuevo cuerpo sobre el anterior. En el extremo noroeste se levanta la torre de planta cuadrada con fustes de granito empotrados en sus aristas, obra árabe en su origen. Sobre la base árabe de esta torre se edificó otra en 1395, según lo pregona una lápida con caracteres góticos adosada a ella, formando un retablillo heráldico con las armas de Castilla y León, de Baeza y del Obispo baezano don Rodrigo Fernández de Narváez, siendo obrero Diego López, junto con Fernán López cantero y Juan Sánchez platero.

Algunos años después de iniciarse en 1529 la construcción de la nueva Catedral; con tres naves, pilares góticos y bóvedas de crucería se reedifica la torre (1545) añadiéndose el segundo cuerpo de forma octogonal, con ángulos achatados. En las esquinas del primer cuerpo descasan cuatro jarrones: es netamente renacentista, de tiempos del obispado de Pedro Pacheco (1545-1554).

Este cuerpo fue parcialmente destrozado por efectos de un rayo el día 11 de julio de 1832, y por no haber sido reparado, se hunde definitivamente el 20 de febrero de 1862, hasta otros treinta años después no se tomó la decisión de derribar la torre para restaurarla con una solución antiestética, como muestra la foto. Un campanario rematado por un tejado a cuatro aguas. Fue en 1959 cuando se reconstruyó la torre dignamente con arreglo al proyecto del arquitecto don Francisco Prieto Moreno, como hoy la admiramos.

20 abr. 2009

Curiosidades Alegóricas En La Reja De La Capilla De La Yedra De Santa María De Úbeda.



El humanista Juan Pasquau nos dice de Santa María“…Santa María, encaja –sin alterar su fisonomía- todos los modos de la historia del arte. Diríase que ha asimilado los estilos con estilo, con personalidad; porque donde el templo de Santa María no es bello, es original. Y donde resulta extraño, acusa con destello curioso de novedad; nunca de vulgaridad…”

Adaptada la mezquita al culto cristiano (todavía se conservan cimientos de pilares musulmanes), no se construyeron soportes y arcadas cristianas hasta 1396, prolongándose las obras de las capillas y claustro a lo largo de los siglos XV, XVI y XVII. En esa centuria y la siguiente se configuraron las fachadas y se abovedó la nave central. En el siglo XIX se reformó la fachada principal, tal y como la vemos hoy, con ciertos toques de neogótica. Por último, desde la década de 1980, ha sufrido obras de restauración perniciosas, que actualmente han sido corregidas y adecuadas, salvando al templo de su total desaparición.

En la actual restauración, muy criticada desgraciadamente, por algunos historiadores o ciertos “comandos autónomos”, se ha eliminado todos los añadidos o pastiches que presentaba el templo como las falsas bóvedas de cañón y entablamentos de yeso y blanqueado de los muros, que ocultaban escenográficamente la pureza y modestia del templo gótico-mudéjar castellano.

La planta es prácticamente un cuadrado dividido en cinco naves, de las cuales la central es ligeramente más ancha que las dos que la flanquean, en tanto que la de los extremos reduce en menos de un cuarto de aquélla su anchura, dando paso a las capillas hornacinas. Todas ellas quedan separadas por pilares cuadrados y rectangulares. La cabecera, muy transformada, se articula en torno a tres capillas desiguales de testero plano, quedando la central o mayor retranqueada con respecto a otras dos.

La capilla de la Yedra, frontera a la capilla mayor, fundada en 1505, por el canónigo Rodrigo de Sagrado. Se accede mediante vano apuntado con arquivoltas, que son prolongación de columnas torsas, cerrándose el hueco con buena reja policromada del maestro Bartolomé, en la que sobresale el abrazo de San Joaquín y Santa Ana y heráldica. Su planta cuadrada, se cubre con bóveda de tercelete, con nervios torsos y heráldica del canónigo en la clave (desaparecido hace unos años) y capiteles.

Este es el mensaje que encierra la reja que labró el maestro jienense Bartolomé, para la capilla del canónigo Rodrigo Sagredo. Apoyándonos en Joaquín Montes Bardo:

“…el primer acontecimiento se escenifica ante la puerta dorada. La fuente inmediata de la composición está en la Leyenda Dorada de Santiago de la Vorágine, cuando glosa la Natividad…

…el relieve de la Natividad resulta tan descriptivo cuando simbólico y complejo el del

También sabemos por el antes citado Montes Bardo, que en la citada reja de la Capilla del Canónigo Sagredo o de la Yedra; podemos encontrar en la Crestería de dicha reja, la representación del árbol de Jesé, simbolizando la profética venida de Jesucristo.

Publicado el Sábado 2 de Mayo de 2009, en el Semanario Local Úbeda Información.

LA IGLESIA DE SAN PEDRO APOSTOL









En la plaza de San Pedro, se alza esta antigua parroquia, adosada al bello tardo renacentista palacio El Palacio De Los Condes De Alicún.Según el Úbedí Ruiz Prieto, ésta iglesia fue respetada por los árabes y abierta al culto por los cristianos godos. Se dice que fue más tarde mezquita,hasta que en 1240 se abre de nuevo al culto católico.


En la plaza de San Pedro, se alza esta antigua parroquia, adosada al bello tardo renacentista palacio El Palacio De Los Condes De Alicún.Según el Úbedí Ruiz Prieto, ésta iglesia fue respetada por los árabes y abierta al culto por los cristianos godos. Se dice que fue más tarde mezquita,hasta que en 1240 se abre de nuevo al culto católico

Se da como destruida en 1368 en el asalto de Pero Gil, cosa no probada históricamente. Sí en cambio, pudo quedar saqueada.

Por haberse hallado en la toma de Úbeda el Arzobispo de Toledo don Rodrigo Jiménez de Rada, éste pre-tendió incorporar estas tierras a su arzobispado, por lo que hubo pleito entre Don Rodrigo y el primer obispo de Baeza Fray Domingo. Saliendo victorioso el fallo de 27 de mayo de 1243, Úbeda pasa a depender del obispado de Baeza y tan sólo la parroquia de San Pedro y su colación pasa a depender de Toledo. Sin embargo, ya a principios del siglo XVII pertenecería a la diócesis jiennense, como lo certifica la presencia en su portada de la heráldica del Obispo don Sancho Dávila.

El 6 de junio de 1843, queda suprimida como parroquia para quedar como filial de Santo Domingo y de la Colegiata de Santa María. Tras el saqueo de la iglesia en la Guerra Civil la iglesia es cedida en 1944 a la Comunidad de Carmelitas de la Caridad, las cuales se hospedaban en el palacio de los Ortega. Hasta que en 1988, la comunidad abandona la ciudad.

Desde Agosto de 1983, este templo hace las funciones de la Iglesia de Santa María, tras permanecer dicha iglesia cerrada al culto por obras de reconstrucción.
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PATRIMONIO PERDIDO
ANTIGUAS CAPILLAS Y ALTARES DEL TEMPLO.

El exterior conserva restos de su primitiva arquitectura, como el lindo ábside románico y la sencilla torre cua-drada. De las dos puertas que tuvo, una, la de poniente de estilo románico, fue cegada, y la que queda es de estilo renacentista de principios del siglo XVII, mandada construir por el obispo D. Sancho Dávila. Arco de medio punto entre columnas exentas y figuras en las enjutas en el primer cuerpo, y en el segundo, entre columnas igualmente libres, imagen de San Pedro y escudos del mencionado obispo Dávila.

Cabe señalar que su torre, en la década de 1960, año 1967, fue demolida y reedificada fuera de su lugar primitivo para “dar más vista a la torre del palacio de Guadiana”. Con la torre desapareció la capilla bautismal del templo y, junto con ella, una de las escasas pilas bautismales en cerámica, de tradición mudéjar, que se conocían en la provincia de Jaén.

El interior es de una sola nave con bóveda de cañón barroca con artesones y cuadros pintados al óleo que sustituyó una anterior techumbre de madera a doble vertiente. La mayor parte de las capillas son góticas. La primera capilla del lado derecho contigua a la nueva sacristía (antigua capilla bautismal y de Orosia), se accede a través de un simple arco apuntado, adornado con dos baquetones, muy bien diferenciados, y se cubre con una sencilla bóveda de crucería. En la clave de la bóveda hay un gran florón con las armas del fundador Juan Alfón de Rivera y Baeza y la fecha de construcción de la capilla. Anteriormente existió otros tres escudos situados debajo de una placa que tenía la siguiente leyenda: “Esta capilla mandó facer el honrador y Noble Caballero Juan de Rivera, Consegero del Rey y regi-dor de esta Noble Ciudad de Úbeda, hijo del honrado y Noble Caballero Miguel López de Rivera y de la noble y virtuosa Dueña Dª Isabel González de Molina, hija del honrado y Noble Caballero Antón Ruiz de Molina, regidor de esta ciudad y tesorero de la Reina Dº. Beatriz en 1460”. Ignoramos la fecha en que se perdió esta placa, los dos escudos de armas de los Rivera se perdió en 1967 y el de los Molina se exhibe en el patio de una casa. Esta capilla poseyó hasta 1936, un retablo traído de San Lorenzo con pinturas de San Idelfonso. Este retablo tapó el acceso a la capilla, para que la capilla hiciese de sacristía. Desde 1983, se venera en esta capilla al Señor de Medinaceli, imagen procedente de Santa María. La siguiente capilla, posee un arco de acceso similar que la anterior, aunque un poco más alto y se cubre por medio de una bóveda de tercelete y ligaduras. En esta capilla se veneró la Virgen del Rosario, actualmente se venera en esta capilla a la Virgen de Gracia, bellísima imagen moderna del ubedí Ramón Cuadra. Además en la misma se venera desde 1983, al Cristo de los cuatro Clavos. Que en tiempos recientes presidio el Altar Mayor de Santa María. El retablo que alberga la Virgen de Gracia es obra de don Eduardo Perales, siendo este pequeño altar bendecido en Marzo de 1998, por anterior obispo de Jaén, Santiago García Aracil.

La última capilla de este lado, es de estilo gótico final. Su acceso es un arco deprimido con baquetones, del más puro gótico florido. La capilla se cubre con escayola de cielo raso. En esta capilla se veneró el cuadro de la Virgen de los Remedios, que de muy antiguo tenía su nicho en la entrada de la puerta de Toledo. Hoy este cuadro se conser-va en el Ayuntamiento y su copia se exhibe en la Torre del Reloj. Esta capilla que posee dos escudos idénticos que ostenta la portada puede pertenecer a los Aviar o a los Vega. Posterior a su fundación esta capilla pasó a los Zambra-no y Cerón, cuyo escudo se exhibe en la calle. En 1696 esta capilla era propiedad de los Trapera.

Actualmente esta capilla guarda varias imágenes pertenecientes a la iglesia de Santa María, entre ellas el Cristo de los Toreros y un cuadro de las alegorías de la Virgen de Guadalupe del querido sacerdote Salesiano Paco Fuentes. Al lado de esta capilla tenemos la entrada al templo, el cuarto trastero, el coro y una capilla vacía bajo la torre, que fue la antigua capilla del Señor de los Cuatro Clavos, fundada en 1690 por doña Tadea Paula. Su interior de estilo barroco se cubre con bóveda de cañón y antigua cúpula del camarín sobre pechinas todo decorado con grutescos. Esta capilla poseyó portada que fue modificada en el siglo XVIII. A continuación de esta tenemos la capilla de los Pasquau, su acceso es un simple arco apuntado adornado con baquetones mientras su cubierta es una simple bóveda de crucería, en cuya clave está pintada las armas de los Pasquau. En 1794 don Pedro Pasquau pone esta capilla bajo la advocación de Santa Orosia. Desde 1947 hasta 1970, esta capilla es ocupada por la primera imagen que llega a Úbeda de María Auxiliadora. Desde 1983 hasta 1996 fue ocupada por las imágenes de la Cofradía de Jesús Nazareno y actualmente es ocupada por imágenes que pertenecen a la iglesia de Santa María entre ellas la de la Virgen de los Reales Alcázares.

La capilla de al lado es renacentista, presenta portada con arco de triunfo y hornacina la cuál albergó en otros tiempos la imagen de la Virgen. En 1880 es reformada por los Bussianos.
Desde 1983 es albergada por la cofradía de la Caída. A continuación tenemos la capilla de las Ánimas, cuyo acceso es un vano apuntado cuyas jambas se adornan con dos semi columnas. Se cubre con bóveda de tercelete. En la clave está las armas de los Molina. En otros tiempos albergó tres altares, el principal con la imagen de la Purísima y retablo con cinco cuadros, el altar de las Ánimas con un cuadro de Juan Esteban representando el milagro del Cristo del los Cuatro Clavos. Y el otro altar, representa un retablo del Corazón de Jesús. Desde 1983, hasta Febrero de 2002, alber-gó las imágenes del Santo Entierro.

Al lado tenemos la capilla de la Virgen de los Dolores con acceso de finos baquetones. Se cubre con bóveda de cruce-ría, en cuya clave tenemos un disco con un león rampante, repitiéndose el mismo por encima de la clave de su arco. Podrían ser las armas de los Aranda. Hoy lo ocupa una imagen de serie de Jesús Orando en el Huerto.


. Junto al primer tramo de la cabecera, tenemos la Capilla del Marqués de la Rambla, en 1588, dice Argote de Molina, era de los Porcel, de 1748 a 1794 perteneció a la familia de los Moncayo. Este mismo prueba que era ya de Alvarado. Y en 1888 pasó a Bernardo de Orozco. En el mismo año se restauró esta capilla con la construcción de la ventana, hornacinas y bóveda ambas de estilo neogótico, además se instaló la reja para cerrar la capilla y un retablo barroco en cuyo centro estaba la imagen de la Asunción. Dicho retablo perteneció al templo de Santo Domingo, el acceso de la capilla lo forma un arco apuntado ricamente moldurado, se cubre con bóveda neogótica, cuyos nervios arrancan de hermosas ménsulas con talla vegetal muy profunda. Según el investigador Juan Barranco, en esta capilla se encuentra seis escudos de armas: dos en la reja que cierra la capilla; ambos policromados tiene las armas de los Molina y Orozco. En el testero hay oto dos iguales y en el sarcófago se hallan otros dos, uno con las armas de los Orozco y de los Loring. El sarcófago pertenece al Marqués don Bernardo de Orozco muerto a los veinte años de edad. El mencionado túmulo presenta en la tapa la insignia de la Orden de Malta. En el testero de la capilla se encuentra a modo de hornacina formado por arco mixtilíneo, acoge una pobre copia del Santo Cristo de Burgos. Actualmente esta capilla alberga un cuadro de la Piedad de Bocanegra.

Y por último la capilla mayor, se cubre con bóveda de cuarto esfera. Esta presentaba un retablo con doce cuadros con figuras de pontífices, obispos y santos. En 1967, el altar mayor fue modificado con la construcción de cinco ventanas, dos de ellas se cierran con restos de la antigua reja del coro de Santa María y las tres del centro son neogóticas y hacen de hornacinas, el fanal que albergaba esta capilla fue comprada por los Marqueses de la Rambla, para adornar su capilla.

Al lado del altar mayor tenemos la nueva sacristía, antigua capilla bautismal. Por último recordar, que en 1936, desapa-reció las cajoneras de la sacristía, talladas con preciosas figuras y adornos de especial mérito artístico. Estas procedían de San Lorenzo.

18 abr. 2009

EL Callado Reloj del Hospital de Santiago.




A quienes nos ha tocado vivir en el siglo XX, y a principios de este tercer milenio, nos puede parecer que la medida del tiempo siempre ha consistido en mirar el aparato de mecanismo artificioso que se suele llevar como pulsera. Es un gesto que se ha hecho familiar. Si acaso el reloj se para - cosa muy rara en los últimos tiempos - conectamos la radio. En medio de la programación, entre noticias y música, se oyen varios pitidos breves seguidos de otro más largo. Esa es la hora en punto, exacta, que entrega la señal horaria que trasmite el Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada de Chile

La medida del tiempo y, sobre todo, la utilización de relojes como los actuales se ha logrado tras muchos siglos de trabajos, estudios y de pruebas con aparatos de muy diversos tipo.

Así desde tiempo inmemorial, el hombre ha tratado de contabilizar el paso del tiempo para organizar nuestra vida y ordenar nuestro destino. Las civilizaciones antiguas lo hacían ligándolo a la alternancia del día y de la noche, así como a los ciclos de la Luna. Pero poco a poco el ingenio de nuestros antepasados fue creando aparatos capaces de fraccionar los períodos de luz y tinieblas con exactitud creciente.

Primero fue el reloj solar, que indicaba los momentos del día gracias al movimiento de la sombra del Sol sobre una superficie plana, con un cuadrante. Los arqueólogos descubrieron que los chinos lo usaron unos 3.000 años antes de Cristo, empleándolo también los egipcios y los incas. Claro que éste no funcionaba de noche ni en días muy nublados, y tampoco en el crepúsculo o el amanecer. Además, los cuadrantes tenían que modificarse según las diferentes latitudes terrestres por variar la inclinación de los rayos solares, y la medición en general no era muy segura porque la duración de los días es distinta en cada época del año. Relojes de sol similares lo encontramos en Úbeda, en numerosos inmuebles como el Hospital de Santiago, Convento de la Victoria, Casas del Concejo, Iglesia de San Nicolás, Iglesia de El Salvador…

Alrededor del siglo III de nuestra era, cuando el hombre pudo por fin dominar el arte de la elaboración del vidrio, apareció por fin el hoy famoso reloj de arena, con dos recipientes unidos por una estrecha garganta. La arena debía estar completamente seca y encontrar mecanismos que impidiera humedecerse, puesto que sin estos requisitos el reloj de arena ya no funcionaba normalmente.

Bastante tiempo hubo que esperar para que las maquinarias comenzaran su reinado. Hacia el año 1300 estos mecanismos ya eran habituales en los relojes de algunas iglesias europeas, al punto que el reloj de este tipo más antiguo que se conserva todavía en buen estado de funcionamiento es el de la Catedral de Salisbury, Inglaterra, instalado en el año 1386.

Sin embargo, el reloj de pesas ganaría eficiencia con el descubrimiento de la Ley del Péndulo, enunciada por Galileo Galilei hacia el año 1600. Gracias a esto, el matemático y físico holandés Christian Huyghens aplica el péndulo en los relojes con curva cicloidal en 1650, aplicando este sistema sobre un reloj de pared.

Ya entonces, sin embargo, habían pasado unos cien años desde los primeros relojes a cuerda inventados en la ciudad alemana de Nuremberg, lo que permitía la construcción de relojes portátiles. De esta época viene la fama de Ginebra como célebre centro relojero.

El avance del reloj había sido importante, aunque quedaban cuestiones sin resolver como el desgaste de las piezas y la consiguiente inexactitud en la medición del tiempo. Este aspecto logró ser modificado por Nicolás Faccio en 1704, utilizando rubíes y zafiros como pivotes de los mecanismos de los relojes. Hoy día, contamos con una inusual variedad de tipos y calidades de relojes: artesanales, eléctricos, cronómetros, despertadores, de pulsera, atómicos, digitales, etc.

EL RELOJ MUDO DEL PATIO DEL HOSPITAL DE SANTIAGO.

Por el historiador Gines Torres Navarrete, sabemos que este reloj, proviene de las Antiguas Casas Consistoriales y se supone que se creò tras la edificación del citado inmueble. En 1873 y tras el traslado de las Casas del Concejo al Palacio de las Cadenas; el citado reloj se traslada al frontal de la Capilla del Hospital de Santiago.

En 1980, tras el cierre definitivo del edificio, como casa de caridad y centro religioso; el reloj del patio y las campanas de las torres traseras ya no funcionan, ojalá el actual equipo de gobierno le vuelva dar vida al reloj y a las campanas de las torres de la antigua capilla (hoy auditorio) para que marquen las horas y los acontecimientos culturales que se desarrollan en el antiguo Hospital de Santiago.

17 abr. 2009

IGLESIA DE SAN PEDRO DE SABIOTE Y SU PLATERESCA PUERTA



Sabiote forma con Baeza y Úbeda, el triángulo del Renacimiento Andaluz. Fue declarada "Conjunto Histórico-Artístico" de carácter nacional en el año 1972.

Sabiote es un municipio de Jaén. Situado en la comarca de La Loma, en la parte más alta de la meseta interfluvial, bordeada por el norte por el río Guadalimar y por el sur por el Guadalquivir.

La historia de esta villa comienza muy temprano, en la Edad de Bronce, de la cual se han encontrado restos en el paraje llamado "La Cobatilla". En Época romana fue Julia Salaria, capital de la Colonia Salaria perteneciente a la provincia Tarraconense, adquiriendo gran importancia como demuestra el hecho de que sus habitantes podían acuñar moneda.

Durante la dominación árabe, formó parte del Reino de Jaén, llamada Ibsn-Sabiyuto: De esta época quedan un lienzo de muralla llamado "El chiringote" y un albaicín. Esto llegó a su fin allá por 1226, cuando Fernando III "El Santo" logró rendirla y además, le dio el Fuero de Cuenca, cuyo códice del siglo XIII aún se conserva.
Su hijo Alfonso X "El Sabio" le otorgó el título de "Muy Leal Villa" y la cedió a la Orden de Calatrava, volviendo a la Corona con Sancho IV. En el año 1537, Don Francisco de los Cobos la compró al emperador Carlos V consiguiendo en esa época su mayor esplendor.

En general, toda la villa presenta un estado de conservación excelente, por lo que nos transporta fácilmente a un ambiente de tiempos pretéritos. Sus casas muy cuidadas y calles bien conservadas y adoquinadas tienen gran encanto, estando salpicadas de casonas blasonadas, casas encaladas y edificios hermosos aunque modestos, lo que hace que pasearla sea muy agradable.

La Iglesia Parroquial de San Pedro; reedificada en el siglo XVI con trazado de Alonso Barba, discípulo de Vandelvira. La magnifica torre es de Aranda Salazar. Su portada norte es de estilo gótico isabelino, pero en la sur o Puerta del Sol predomina el protoplateresco.

La portada norte o septentrional fue labrada en tiempos del obispo Alonso Suárez de la Fuente del Sauce (1500-1520), y la meridional ejecutada bajo el mandato del obispo Esteban Gabriel y Merino (1523-1535) con un interesante programa protorrenacentista. Estas portadas se incorporan a la nueva estructura arquitectónica constituida a lo largo de los siglos XVI y XVII, que viene a reemplazar casi de forma global a la anterior fábrica gótica de San Pedro.

Por lo que se refiere a la portada sur, se la relaciona con Diego de Alcaraz, maestro que trabajó en Úbeda. Se inscribe dentro de una serie de portadas platerescas levantadas en la Loma de Úbeda en época de Merino, en las que se incorporan de forma no sintáctica un amplísimo repertorio decorativo basado en los grutescos y en una tímida estructuración de los ordenes clásicos, reflejo del nuevo ambiente artístico español propiciado a nivel teórico en un primer momento por las Medidas del Romano de Diego Sagredo y por la circulación de grabados y dibujos procedentes de Italia, entre los que habría que citar el Codex Escurialenses.

16 abr. 2009

Vbeda Recatada: La Recatada Plazuela De Santo Domingo

Vbeda Recatada: La Recatada Plazuela De Santo Domingo

La Recatada Plazuela De Santo Domingo



Úbeda no está enmarcada por la poesía y la leyenda de Sevilla, Córdoba o Toledo. Quizás los poetas y juglares no conozcan el camino de Úbeda. Pero está muy cerca del que quiera verla y vivirla y más cerca aún del que ya la ha visto o vivido alguna vez. Sin meterse en comparaciones. Úbeda es impar. No haber estado en Úbeda es pecado de difícil perdón.

Como en otras ciudades monumentales andaluzas, es muy aconsejable en Úbeda por sus calles y rincones caminando pausadamente sin rumbo determinado a la búsqueda, nunca defraudada, de sorpresas como la recoleta plaza de Santo Domingo de Silos.

Aumentan los encantos de este ambulanteo si se efectúan paseos nocturnos al estar iluminados artísticamente las doradas piedras de los monumentos con un especial encanto sui generis.

Tomando la calle Corazón de Jesús, a nuestra izquierda sobre la fachada norte de la Casa Juan de Valencia, se encuentra a pocos pasos y tras dejarnos de lado a la derecha, la plaza Baja del Marqués, nos encontramos con la puerta Norte de la Iglesia de Santo Domingo de Silos, que se abre al callejón de Narváez. Que mención cabe decir, que en el número 13 de esta calle se alza la Casa-Museo de Arte Andalusí. Contando en su interior, con una rica colección de elementos mudéjares, como puertas de lacería, bargueños, etc. Un ambicioso proyecto, digno de elogio, conseguido por nuestro amigo Francisco Castro Cortegana.

Dejándonos a un lado, la evocadora calle Luna y Sol; nos encontramos con la recoleta plazoleta de Santo Domingo de Silos.

Frente la iglesia Santo Domingo de Silos, (de la cuál hablé anteriormente), está la sencilla y armoniosa Casa de los Morales. Según nos cuenta Juan Barranco: “…nos hace creer que debió ser construida por el Capitán y Regidor de Úbeda don Alonso de Morales, al cual hemos visto empadronado en esta calle de 1609 a 1630…” Este edificio es un exponente más de la actividad constructiva que desde el siglo XVI se prolonga en la centuria siguiente, y que origina gran cantidad de mansiones palaciegas habitadas por la nobleza local.

La planta rectangular se organiza en torno a un patio central adintelado, con acceso en ángulo desde la entrada. Presenta una fachada muy sencilla organizada en dos cuerpos separados por una cornisa poco volada. El inferior está formado por un gran zócalo en el que se abre la portada, desplazada en uno de los laterales, mientras que en el superior se disponen unos balcones adintelados muy sobrios.

La portada, también adintelada, se encuentra flanqueada por pilastras jónicas y balcón en el cuerpo superior. Éste aparece coronado por un frontón partido, utilizado como un tímido esbozo de estilo barroco en un contexto en el que se reiteran elementos renacentistas. En el interior del balcón, encontramos un antiestético aparato de aire acondicionado, pero esto es otra historia… En la década de 1980, el edificio se rehabilita por la Junta de Andalucía, para ser utilizado como vivienda social.

Como última aportación al presente articulo, he querido traer el siguiente comentario elogiador de María Sánchez Fernández:

“…La Plaza de Santo Domingo es, en nuestra ciudad, una de las más recoletas y quizás de las más originales por su extraño trazado. Está formada por dos alturas. Una peatonal, y la otra con gran lonja que abraza la iglesia que lleva su mismo nombre.

Al fondo podemos ver, con trazos algo difuminados, parte de la fachada del Palacio de los Morales, y a la izquierda una esquina de la casa solariega de los Padilla.

La piedra, que se adivina encendida bajo esa luz cegadora del mediodía, es acompañada, o mejor, acariciada por la frescura de unas acacias…”

15 abr. 2009

Un Curioso Articulo Sobre La Puerta Capilla De Los Carpinteros


Tres puertas tiene esta iglesia de San Pablo, siendo la más antigua la llamada de los Carpinteros. Por esta puerta inicia su desfile procesional cada jueves Santo al atardecer, las imágenes titulares de las Real Cofradía del Stmo. Cristo de la Humildad y Nuestra Señora de la Fe al son de la Marcha Real.

El templo ubedí de San Pablo otorga una gran trascendencia fidedigna. Pues hasta el siglo XV fue el lugar en el que se congregaba el Concejo y en el que se resguardaban las legitimaciones de linaje de la hidalguía ubedíense. A la fundación original, del siglo XIII, se deben la organización del trazado de su planta, de tipo basilical con tres naves y cabecera poligonal, y la portada tardo románica de Los Carpinteros. Tras ser arrasada en el siglo XIV, su alzado general se reconstruye durante el XV y el XVI en estilo gótico. En el XVI se le incorporan, también, la portada principal, la torre plateresca y una serie de elementos vinculados al carácter celebrativo del espacio urbano en que se encuentra: una galería corrida en la fachada, desde la que se podían contemplar los acontecimientos públicos desarrollados en la plaza, y la fuente monumental adosada al exterior del ábside, como exponente conmemorativo en pleno centro mercantil de la ciudad renacentista, de las obras públicas promovidas por el Cabildo Municipal.

Sabemos por Juan Antonio Soria Arias; que: “…esta puerta de poniente de la iglesia de San Pablo, debe su nombre actual –que en su día fuera sobrenombre- a una curiosa circunstancia, y es que, daba a una carpintería que allí hubo ubicada y que tenía bastante nombradía. La mencionada carpintería fue pasando –a través de los tiempos de mano en mano, siendo Bernabé Arias el último artesano carpintero que la regentó, abuelo que fuera del carpintero y tallista Pedro Arias “el Peri”…” Y en este momento, he aquí, un curioso artículo de Alfredo Cazaban, divulgado en la revista don Lope de Sosa de Agosto 1926, acerca de esta monumental puerta: … En la Historia de Úbeda, que dejó escrita el culto y laborioso Comandante de Caballería(ya finado) Don Miguel Ruiz Prieto, obra de la que se publicaron el tomo I referente a la historia Civil y el tomo III referente a Historia Eclesiástica, faltando tan solo la publicación del II, o sean los documentos existentes en loa archivos de aquella población, se habla de una de las tres puertas del antiguo templo Parroquial de San Pablo-, la principal, o sea la que está en la parte opuesta al altar mayor y ábside- que fue tapiada el año 1806,
Esta puerta, conocida con el nombre De los carpinteros, es uno de los más interesantes y notables monumentos arquitectónicos, de Úbeda, si bien, por el lugar en que se halla, pocos se fijan en ella, y aun para muchos que la ven, pasa desapercibida su belleza.

Queremos reproducir lo que el señor Ruiz Prieto de ella dice: .

No necesitó el señor Ruiz Prieto hacer cita alguna para que, por las últimas palabras que de él hemos trascrito, adivinemos que siguió la descripción que de la Puerta de los Carpinteros, hizo Don Francisco Pi Margall en su obra España: sus monumentos y sus artes. Su naturaleza y su historia. En el notabilísimo estudio de la iglesia de San Paulo del Sr. Pi Margall, concédesele a esta parte de aquel edificio, la importancia excepcional que encierra.

El ilustre Arquitecto y Académico D. Juan Moya Idígoras, en su discurso de ingreso en la Real academia de Bellas Artes de San Fernando, confirma el interés que la Puerta de los Carpinteros tiene. Al hacer relación de importantes monumentos románicos y góticos, en Baeza y Úbeda existentes y antes de entrar en el notable estudio que de las obras del Renacimiento y de la influencia de Vandelvira en ellas, hace, en su discurso, dice así: , sobria, también, la frase del Sr. Moya Idígoras, la brevedad de la cita. Ésta en relación espiritual de lo sencillo y austero carácter del monumento. Sin exuberancias retóricas, se concretan, en diez y seis palabras. Una definición y una clasificación admirables>.

Ésta puerta que estuvo tapiada en el año 1806 y que fue reabierta en 1959. Favoreció que la cofradía de La Humildad, pudiese salir en procesión por ella en la tarde del Jueves Santo.

Fernando III El Santo; 775 Años De Cultura Cristiana En Úbeda.


ARTICULO PUBLICADO EN EL ESPECIAL DE FERIA DE SAN MIGUEL 2008, DEL SEMANARIO LOCAL ÚBEDA INFORMACIÓN.
Queridos paisanos, Personalmente nunca he hecho demasiado caso de las fechas y aún menos de las llamadas efemérides históricas. La historia, si de algo vale, es de maestra y, en consecuencia, si algo está llamado a provocar es la serena reflexión individual y colectiva sobre nuestra propia identidad. Lejos deben de quedar, por tanto, las celebraciones, tantas veces vacías, siempre recargadas de clamorosas expresiones colectivas, tras cuya énfasis se escatima y esconde lo saludable de una reflexión critica sobre nosotros mismos y nuestra realidad en el tiempo.

Y este año es propicio para ello. 1233 – 2008. Dos fechas para el recuerdo y, entre ellas, un largo período de convivencia. 775 años de vida ciudadana desde que antes (Julio de 1233) de un remoto 29 de septiembre nuestra Úbeda, “La Bella Durmiente” se incorporaba al marco occidental. Castellano por más señas, de una nueva cultura Cristiana.
El primer impulso a la Reconquista por parte de Castilla lo dará Alfonso VI, con la conquista de Toledo en 1085, tras lo cual el avance se frena, por la presencia en Al-Andalus de los imperios africanos almorávides y almohade. El segundo se deberá a Alfonso VIII, que llegará hasta Sierra Morena y derrotará a los almohades en la batalla de las Navas de Tolosa (1212), posibilitando así el tercer y más importante avance, a cargo de Fernando III de Borgoña, llamado el Santo, fue Rey de Castilla (1217 – 1252) y de León (1230 – 1252). Es también conocido como Santo Rey Don Fernando, que fue canonizado por la Iglesia Católica en 1671, siendo papa Clemente X .
Hijo del rey Alfonso IX de León y de Berenguela de Castilla, el Papa Inocencio III en 1204 declaró nulo el matrimonio alegando el parentesco de los cónyuges, tras lo cual Berenguela volvió a la corte de su padre (el rey de Castilla) con todos sus hijos.
Tras la temprana muerte del rey de Castilla Enrique I, hermano menor de su madre y la abdicación de ésta, obtiene en 1217 el reino de Castilla. Una vez nombrado rey, tuvo que enfrentarse a la casa de los Lara por una revuelta nobiliaria, fomentada por el vecino rey de reino de León. Contrae matrimonio con Beatriz de Suabia (1219). A partir de 1224, aprovechando las discordias surgidas entre los almohades a la muerte de Abu Yacub Yusuf, dedicó su esfuerzo a dirigir las campañas de conquista de los territorios dominados por los musulmanes, combinando hábilmente las acciones diplomáticas con beneficiosas intervenciones bélicas que se valían de las discordias existentes en los distintos reinos musulmanes. Así, entre 1225 y 1227 las tropas castellanas conquistan Andújar, Martos y Baeza, lugares clave para la conquista de Andalucía.
Tras lograr la unión de sus reinos, se dedica de manera sistemática a la conquista del valle del Guadalquivir. En 1231 conquistó el pueblo de Cazorla en Jaén, junto al arzobispo de Toledo, Don Rodrigo Jiménez de Rada. En los años siguientes cayó Úbeda, en 1233. Y Córdoba en 1236. Desde entonces fue avanzando por el Guadalquivir. Jaén es conquistada tras años de ataques en 1246 y en noviembre del año 1248 se apodera de Sevilla, tras quince meses de asedio y con el auxilio del marino Ramón de Bonifaz, a quien el rey había encargado en 1247 la formación de una flota con naves procedentes del Cantábrico y con la que habría de remontar el río Guadalquivir y completar el cerco sobre la ciudad. A la toma de Sevilla siguió la de Medina Sidonia y Arcos de la Frontera entre otras. Cuando falleció en 1252, preparaba una expedición contra el norte de África, tratando de evitar las posibles amenazas que pudieran proceder de esa zona.


La Úbeda árabe, alegre y bulliciosa, amante de la música y la danza, que nos describen los cronistas de la época, entraba de lleno en la órbita de una nueva realidad cultural. Era la infancia de Úbeda.

Y tras de esto, muchos años de historia hecha día a día, vivida en la grandeza y miseria de sus propias contradicciones, de sus deseos y limitaciones. La historia de una ciudad de recia personalidad, asombrosa.

En este largo camino de casi ocho siglos ha surgido, y no por casualidad, uno de los conjuntos urbanos más bellos de España. Patrimonio de la Humanidad, junto a Baeza, desde el 3 Julio de 2003.

Como último me limito a decir, que la historia no solamente sirve para conocernos mejor. Sirve para sentirnos comprometidos con nosotros mismos… y Úbeda, merece este compromiso.

FELICES FIESTAS DE SAN MIGUEL 2008.

14 abr. 2009

ENEMIGOS DEL PATRIMONIO HISTORICO MUNDIAL

Las Ermitas En Úbeda.



El diccionario nos define ermita como capilla situada en los poblados o en las afueras de una población.

Muchas eran las que había en la demarcación de Úbeda, como las siguientes: VERA CRUZ, MADRE DE DIOS DEL CAMPOS, SAN MARCOS, NUESTRA SE-ÑORA DE LA BLANCA, SAN BARTOLOMÉ, SAN JULIAN DE LA FUENTE, SAN LÁZARO, SANTA EULALIA, SAN GINÉS DE LA JARA, NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE, NUESTRA SEÑORA DEL REPUDIO, SAN GIL, SAN SEBASTIÁN, SAN CRISTÓBAL, NUESTRA SEÑORA DE GRACIA, SAN JUAN BAUTISTA, LA CORONADA, SANTIAGO APOSTOL, SAN ANTOLIN Y BENITO, NUESTRA SE-ÑORA DE LOS DOLORES Y NUESTRA SEÑORA DEL PILAR. Es decir, había un total de veintidós ermitas de las cuales se han conservado intactas, las ermitas de Nues-tra Señora Del Pilar, Santa Eulalia, San Ginés De La Jara y Nuestra Señora De Gua-dalupe. Y en estado de Ruina la de Madre de Dios del Campo y San Bartolomé.

En este estudio trataré sobre las últimas seis ermitas citadas.



Las ruinas de Madre de Dios del Campo.


En lo alto de un cerro a la izquierda de la carretera de Torreperogil, se alzan las ruinas de lo que fuera en otros tiempos el Santuario de Madre de Dios del Campo, desde la barriada Puerta del Sol, se puede divisar a lo lejos dichas ruinas.
Su fundación es muy antigua. Pero Sánchez Romo, en 1495, legó al Convento de la Tri-nidad (Hoy colegio de EP. Stma. Trinidad) su palacio, emplazado junto a la ermita. Es de suponer que la edificación era una capilla-oratorio particular de Sánchez Romero.
En 1740, bajo el mandato del obispo Benito María se acomete la reedificación de la capilla y el palacio se dedicó a casas de hospedaje para peregrinos.
En esta ermita era tradicional la Romería de Madre de Dios cuya imagen se trasladaba a la iglesia de San Pablo los últimos domingos de abril en cuyo templo se le ofrecía a la imagen todos tipos de culto, una vez pasado el mes de mayo era devuelta en procesión a su Santuario.

Pasemos ha describir el Santuario.

La hospedería formaba ángulo a uno y otro lado de la fachada, dejando un gran patio cerrado por alta pared, en cuyo centro se abre la puerta de entrada, frente a la de la iglesia. La hospedería poseía ricos lienzos, representado los milagros de Madre de Dios.
La ermita de estilo barroco siguiendo su fachada algunos esquemas renacentistas, desta-caba de su fachada actualmente arruinada, su portada con arco de medio punto, hornaci-nas en el cuerpo superior con pilastras jónicas y dóricas y con frontón partido en cuyo interior esta el escudo del obispo fray Benito María. A los lados de la portada ventanas con pilastras dóricas y frontón partido.

Su interior de nave única se cubría con yeserías y su capilla mayor se cubría con cúpula barroca. La ermita tenía varios altares y su capilla mayor poseía camarín con rica reja de forja para albergar la imagen titular del Santuario.

El campanario de hermosa fábrica, estaba dotado de una esbelta espadaña de tres huecos formando ángulo.

Tras la Desamortización el Santuario se mantiene gracias a los donativos de los devotos, en 1928 se alerta al Ayuntamiento limosna para reparar su estructura que ame-nazaba ruina. En 1936 es desmantelado por incontrolados.

Tras la guerra civil desaparece la tradicional Romería a Nuestra Señora de Ma-dre de Dios del Campo. En 1944 se inician en el Santuario obras para transformarla en Casa de Ejercicios Espirituales cuando estaban muy avanzadas las obras se paralizan y el ambicioso proyecto no llegó a ser una realidad.

Tras muchos años el Santuario fue arruinándose, sus piedras, rejas y puertas son robadas y en 1977 se mandó a dinamitar para que sus piedras sirviesen para ampliar la Ermita del Pilar, tras una serie de problemas, el proyecto de ampliación y remodelación de la ermita del Pilar no se llevó a cabo.

El hoy de las ruinas del antiguo Santuario es poco esperanzador, nadie se acuer-da de estas ruinas y tras el paso de los años cada vez desaparecen más piedras. No se podía desmontar la fachada de la ermita y montarla en la plaza de la Aguardentería exactamente en la entrada a los aparcamientos de esta plaza y así embellecer esta zona.

Nueva Ermita de Madre de Dios del Campo.

En el año 1988 se levanta frente las ruinas, junto a la Alameda, la Nueva Ermita de Madre de Dios del Campo. La antigua imagen es restaurada por Ramón Cuadra, contando solo con la cabeza de la primitiva destruida en 1936. Partiendo de la iglesia de San Pablo, se inició un séquito que portando la imagen de la Virgen y atravesando el barrio de San Millán, llegó hasta este lugar.

En su interior aparte de la Virgen, hay unas vidrieras que representan a los cua-tros evangelistas. El diseño es de Francisco Martín Peñas.
Aunque ha sido construida la nueva ermita y recuperada la imagen, no se ha recuperado la tradicional Romería perdida en la pasada Guerra Civil como ya comenté anteriormente.



Ermita de San Bartolomé.

Es una sencilla iglesia que sitúa a cinco kilómetros de Úbeda en dirección a To-rreperogil, en la aldea de San Bartolomé, aldea aneja a Úbeda.

Reedificada en el siglo XVII, donde se veneró la imagen de Nuestra Señora de la Blanca. Junto a la ermita se encuentra la torre denominada de Garci Fernández. Todo este conjunto se levanta sobre un antiguo recinto fortificado ibero romano, donde son visibles algunos sillares ciclópeos.

Esta antigua iglesia parroquial de la aldea esta abandonada, en ruinas y sin culto desde 1983, la misma es objeto de continuos expolios. Actualmente existe un proyecto de restauración, por parte del Ayuntamiento Ubetense. Para que un día vuelva a utilizar-se al culto cristiano.

Cada año, en la festividad de San Bartolomé, se celebra en esta aldea la Verbena y procesión en honor al Santo Titular.


El santuario de la virgen del Gavellar o de Guadalupe.


El historiador ubedí Ruiz Prieto la da algo más de una legua de Úbeda y a sólo media legua de la aldea de Santolaya (Santa Eulalia). Miguel Ruiz no nos dice nada de su antigüedad. Sólo se limita a repetir las noticias que dio Espinosa de los Monteros en 1704.

Fijar la fecha de su erección es aventurado, dada la escasez de documentación en el Archivo Municipal. Parece ser que se levantó a raíz de la aparición en 1381 de la imagen de la Virgen del Gavellar, en que Úbeda apiñada, la construye. Hasta tanto, la imagen se veneró en la ermita de Santa Eulalia, por cuya razón en Sabiote y Torrepero-gil la conocen ya desde 1446 por Nuestra Señora de Santolaya.

El Santuario está enclavado al margen derecho del Arroyo del Gavellar

Este emblemático espacio consta de lonja Norte con entrada a la casa de los sa-cristanes, prados de la ermita, barbacoas, parque de la rivera con olivos, pozo, huerto y minado, pinar, lonja Sur con cerca de reja y doble arcada a la que se accede a través de la puerta Oeste, del Artesonado o de entrada y de la puerta Este o de San miguel llama-da así por estar su imagen en la hornacina que existe sobre dicha puerta, siendo ésta la oficial por donde sale y entra la Imagen de María Santísima del Gavellar cuando va o viene de Úbeda. Salón en el que están expuestas las fotografías de las Patronas de mu-chas ciudades e Iglesia.

Pero hablemos de la Ermita, esta de una sola nave, es de una fuerte y bella cons-trucción iniciada en 1381. Continuando las obras en siglos posteriores. En 1597 se hace el campanario en ángulo. Entre el año 1601 y 1603, se hicieron los cuartos de los sante-ros y se amplió la iglesia. En 1616 se hace la sacristía y el coro, existiendo un escudo en el capitel que sujeta la viga con la siguiente inscripción: ESTE CORO Y SACRISTÍA DESTA LA MANDO HACER A SUCOSTA EL DOCTOR SALVADOR DE QUE-SADA RACIONERO DE LA SANTA IGLESIA DE CUENCA AÑO DE 1616.

El camarín y reja son de 1675 y en 1766, Diego de Alarcón, autor de otros reta-blos ubetenses, realiza el retablo del altar mayor de la ermita, este desaparece en 1936 y en 1958 es sustituido por el actual retablo de Francisco Palma. En el se aprecian las imágenes de San Miguel y San Juan de la Cruz, el escudo de Úbeda y el anagrama de María.

Continua el Camarín de la Virgen lugar donde se apareció y reposan los restos de Juan Martínez, este se decora con frescos realizados por Francisco Palma Burgos relatando de forma gráfico la aparición de Ntra. Señora. Se accede al mismo por puer-tas y escaleras laterales.
A la izquierda del Altar Mayor se sitúa el Stmo. Cristo del Gavellar, y a la dere-cha la sacristía y sobre ella la Sala Capitular. A los laterales los altares de San José, San Isidoro y, al fondo en el coro alto, un cuadro de Nuestro Padre Jesús Nazareno.

La nave se cubre con bóveda de cañón con lunetos y el altar mayos y camarín con cúpula sobre pechinas. En estilo barroco. En el exterior de la Ermita destaca el re-nacimiento de las arcadas, y el gótico de la puerta de San Miguel.

En esta ermita recibe veneración la imagen de la Virgen de Guadalupe o Gave-llar, patrona de Úbeda todos los años desde mediados de septiembre hasta finales de abril, ya que el 1 de mayo hasta septiembre, recibe culto en Úbeda, tradicionalmente recibía culto en la Colegial de Santa María, aunque por clausura de la misma en 1983 por obras de restauración ha recibido culto desde los años 1984 hasta 1997 en la Iglesia de la Trinidad y desde1997 hasta nuestros días en los templos de San Pablo y San Pe-dro.

El santuario de la virgen del Pilar.

Se enclava esta preciosa ermita al final de la Calle Virgen del Pilar y a un extre-mo de lo que será dentro de unos meses el nuevo y deseoso Parque Norte.

Se le denomina también Ermita del Paje; porque debe su ejecución al Presbítero Francisco Pagés. A través del lenguaje oral se ha ido menguando el nombre.

Es una ermita pequeña y recogida pero con un ambiente intimo y preciosista.

Comenzaron las obras de esta iglesia en 1709. Consta de una sola. Su retablo dorado está presidido por la pequeña talla de la Virgen del Pilar.

Celebra su festividad el día 12 de Octubre, día de la Hispanidad. Antaño la ima-gen, se sacaba en procesión por las calles limítrofes a la ermita.

En la actualidad, pertenece a la parroquia de Santa María del Pilar y Santa Tere-sa de Jesús. Hace unos meses, la iglesia del Pilar, se ha servido del templo de Santa Te-resa, al sufrir esta iglesia, durante meses, unas obras de remodelación, cambiado toda la fisonomía de la iglesia a mejor.

Ermita de San Ginés de la Jara.

Se cree fundada por Fernando III en 1234 en el lugar donde acamparon sus hues-tes en la reconquista de Úbeda.

Esta simple ermita pudo salvarse al adquirir en 1837 las tierras contiguas y le-vantar en ellas el actual Cementerio Municipal, quedando incorporada ésta al mismo en calidad de capilla mayor. Siendo bendecido este cementerio el 17 de diciembre de 1837.

Hoy esta tierra santa, es lugar de meditación y remanso de paz, campo de la ver-dad y de la igualdad, es un auténtica jardín del ciclo de la vida, el ciclo sin fin.

Ermita de Santa Eulalia.

Se sitúa a cinco kilómetros de Úbeda, dirección norte, en el anejo de Santa Eula-lia. Por tumbas halladas en estas tierras se deduce que fue un pueblo romano, y en las proximidades de la actual ermita existieron recias fortificaciones.

En esta ermita, muy simple en su arquitectura, es el lugar escogido para la cele-bración de la romería de la patrona de Úbeda, Virgen de Guadalupe el primer día de mayo y en septiembre. La Chiquitilla del Gavellar pasa el invierno en el Santuario cer-cano a esta aldea, la Ermita Virgen de Guadalupe o del Gavellar. Antaño, en esta ermita se veneró la imagen de la Virgen de Guadalupe a raíz de su aparición, permaneciendo en ella hasta tanto se labró la ermita del Gavellar. Por esta causa se conoció también a la Señora por <>.


Bibliografía recomendada:

-Historia de Úbeda en sus Documentos. Tomo VI, Gines de la Jara Torres Navarrete.
-Miscelánea Ubetense. Mari Carmen Ruiz Ara.

13 abr. 2009

La Catedral Y La Cofradía De Jesús “El Paso" De Baeza Patrimonio De La Humanidad.



Apreciado lector o cofrade, pretendo recordarte que el pasado jueves día 3 de julio de 2003 será una fecha difícil de olvidar en la mente de los baezanos y ubetenses, ya que tras muchos años de gran lucha por numerosas instituciones y personas, la UNESCO tuvo a bien concedernos el tan deseable titulo de Patrimonio de la Humanidad a ambas ciudades, hermanadas ahora más que nunca.

Cofrades en Cristo, somos privilegiados al tener la suerte de vivir en una ciudad con un rico patrimonio histórico-artístico, que nos dejaron nuestros antepasados y que debemos mimar para que llegue en perfectas condiciones a las futuras generaciones.

A partir de ahora los ciudadanos de Baeza y Úbeda o Úbeda y Baeza; sobre todo los amantes de las tradiciones de ambas ciudades, sentimos la bella tarea de dar verdadero ejemplo en el cuidado y mantenimiento de la misma y quines nos visiten, puedan dar fe de que este titulo hace honor a estas dos ciudades. Los cofrades debemos de pedir y exigir al Obispado del Santo Reino de Jaén, que se involucre más, para que mantenga más tiempo abiertas las iglesias de ambas ciudades, para que puedan ser regocijo de los que nos visiten, contemplando el rico legado cultural que conservan las mismas. Además, que colabore más con la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía y el Ministerio de Cultura, para la conservación y recuperación del rico patrimonio cultural que posee la iglesia en la provincia, y sobre todo en Úbeda y Baeza. Debemos seguir pidiendo los cofrades el urgente acabado de la iglesia mayor de Santa María de los Reales Alcázares. Sobretodo debemos de exigir ¡ya! a los Hermanos Mayores de Nuestras Cofradías y a la Unión de Cofradías, la pronta inauguración de la antigua iglesia de Santo Domingo de Silos, como Museo Permanente de Enseres de Semana Santa, para disfrute nuestro y de los que visitan y contemplan nuestra Semana Mayor. Que no sea un Museo de chirimbolos viejos, como el Antiguo Museo de Semana Santa del Hospital de Santiago. Que sea algo más que un Museo, ofreciendo así al visitante todos los ricos enseres que guardan y utilizan nuestras hermandades, como Coronas, Mantos, Potencias, Estandartes, Tronos e imágenes que no reciben culto…; Imprenta y Documentación de la Semana Santa…; Recreación del taller de Francisco Palma Burgos…; y Tienda Cofrade.

Ciudadanos no debemos de quedarnos impávidos, aunque se haya conseguido un gran reconocimiento, debemos de seguir trabajando todos juntos en la medida de lo posible para mejorar y hacer aún más grandiosa esta ciudad de los cerros... como la vecina ciudad de Baeza, que forma ya parte del disfrute de la Humanidad.

Lector, visitante curioso, esta es la Baeza histórica, morada de reyes, patria de nobles, cuna de Obispos y sepultura, si eres enamorado de la belleza, tus propósitos son visitar los monumentos, y enterarte de nuestra historia, que los ubetenses debemos de conocer, como ellos deben de conocer nuestra ciudad. Me permito hacerte una sugerencia. No lleves prisa, has de fijarte bien y leer con devoción, lo que te voy ha manifestar, será la Santa Iglesia Catedral, también te voy ha dar conocer la Cofradía de Jesús el Paso, para luego irnos a nuestra ciudad de los cerros… y hablar sobre la iglesia de San Pedro.

La Catedral Baezana de gran importancia ya que fue sede episcopal desde el año 679 hasta el 1248 que pasó a la Metropolitana de Jaén. Su último obispo fue Fray Domingo. Construida sobre una mezquita, que a su vez, ocupo el lugar de un templo romano. Se alza en la plaza de Santa María y en su construcción intervinieron nombres tan importantes como: Vandelvira, Villalpando y Alonso Barba entre otros.

El templo catedralicio es amplio y forma un conjunto arquitectónico de heterogénea estructura. Es de estilo gótico y renacentista. La fachada principal ostenta un artístico relieve de la Anunciación y de la anterior construcción se conserva la puerta gótica del Perdón y la mudéjar de la Luna.

En el interior de tres naves, destacan la soberbia capilla Dorada –renacentista-, el púlpito, rejas renacentistas como la reja del desaparecido coro, todas son obra del Maestro Bartolomé. Este coro se situaba en la nave central y su sillería, coro, trascoro y reja fueron desmontados en los años cincuenta del siglo pasado gracias a la buena disposición del Clero Baezano. Es antigua tradición de la mitad del siglo XX, de quitar los coros en las Catedrales Españolas, para dar más espacio, perdiendo así, patrimonio cultural, -Amigo Sancho con la Iglesia hemos topado-. Es bello el recién restaurado claustro gótico, con capillas mudéjar. También hay que tener en cuenta el museo catedralicio en el que se pueden ver: Cálices, estolas, capas, pluviales, albas, roquetes y demás ornamentos sagrados. Un museo que los ubetenses codiciamos.

Preside el altar mayor con hermoso retablo barroco de 1619, tallado por Alonso Rosillo, una imagen de San Andrés, patrón de la localidad, con una cruz aspada en recuerdo a su martirio. Debajo, una arqueta contienen los restos de San Pedro Pascual.

La Catedral que fue declarado Monumento Nacional el 3 de Junio de 1931, conserva una estupenda Custodia de Gaspar Núñez de Castro del siglo XVIII, que goza de una merecida fama, única en Andalucía.

Cosa que no tenemos en Úbeda. Es la subida hasta la torre catedralicia. Desde esta elevación, se observa una magnífica panorámica de la plaza de Santa María, de la Ciudad y mas allá. La torre campanario erigida a finales del siglo XIV en el lugar ocupada por un alminar de la mezquita. La actual estructura es fruto de diversas renovaciones y restauraciones efectuadas en los siglos XVI, XIX y XX.

La Real, Venerable, Antigua e Ilustre Archicofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y la Cruz de Santa Elena de Baeza, fue fundada en el convento de San Basilio Magno de los carmelitas descalzos con la denominación de “Cofradía de Santa Elena”. Sus primeros estatutos son del año de 1587 por desacuerdos con los religiosos se trasladó poco después al convento de la Orden de la Merced (donde ya se encontraba en 1610), allí permaneció hasta principios del siglo XIX, instalándose definitivamente en la Parroquia de San Pablo dado el estado ruinoso que amenazaba el mencionado convento.

Hacía su amanecer el Viernes Santo en que se procesionaba, por un recorrido prácticamente idéntico al actual, las imágenes de Jesús, la Dolorosa, Jesús de la Agonía, San Juan Evangelista, la Santa Marcela, Santa Elena y San Pedro Nolasco.

Dada su preeminencia era acompañada por todas las autoridades religiosas, civiles, militares hasta el punto que entablaron entre ellas disputas por el orden en que deberían formar en la procesión. Así mismo tomaban parte en la estación guiones de penitentes del Rescate y de la Columna, la escuadra de romanos de la Vera Cruz y asistía una representación de todas las demás cofradías.

Desde tiempo inmemorial se viene realizando la preciosa ceremonia del encuentro de Nuestro Señor con su Madre en la calle de la Amargura, auténtica joya barroca de la Semana Santa baezana y punto culminante de la misma. Esta ceremonia representa la segunda, sexta y cuarta estaciones del Vía Crucis que con el paso del tiempo ha ganado en complejidad y extravagancia. En ella se rememora el encuentro de Jesús con la Verónica y la imprimación de la Santa Faz, continúa el abrazo entre la Santa Mujer y el apóstol Juan, seguido de la llegada de Santa María que contempla el Santo Rostro y finaliza con el encuentro desgarrado entre la Madre y su Hijo que le da la bendición.

El Paso de Jesús, es una extraordinaria imagen de Jesús Nazareno con la cruz al hombro, camino del calvario, es de finales del siglo XVI. Su impresionante rostro ha provocado la veneración popular a través de los años. Viste el Nazareno una soberbia túnica de terciopelo de Lyón, bordada en oro, 1962, por las clarisas franciscanas de Santa Catalina, de Baeza. La imagen lleva la medalla de oro de Baeza, donada por el Señor Fernando Viedma Rodríguez (d. e. p.), alcalde que fue de Baeza y hermano mayor de esta Archicofradía. La talla de Jesús Nazareno procesiona sobre andas de caoba y plata, obra del cordobés Andrés Valverde, llevada a hombros por los penitentes.

La imagen de Nuestra Señora de los Dolores, también de la Amargura es obra de Amadeo Ruiz Olmos; viste la imagen, túnica y manto de terciopelo negro con ricos y antiguos bordados de oro, del año 1900. El trono es obra de Rafael Merelo, es plateado y restaurado en 1995 por Martos Torres. La imagen de San Juan también es de Olmos al igual que la Santa Verónica.

Otras peculiaridades del recorrido son el cruce de banderines con la hermandad del Santo Entierro, en señal de reconciliación; bendición a las monjas Carmelitas y la estación de Penitencia en la Catedral.

La procesión parte de la iglesia de San Pablo el Viernes Santo a las 9,30 horas, baja la calle del mismo nombre y continúa por Plaza de España, Barreras, Puerta de Úbeda, Sacramento, Plaza de Santa María, estación en la Catedral, Cuesta de San Felipe, San Juan de Ávila, Pregonero, Puerta de Jaén, Plaza de los Leones, Platería, Cipriano Alambra, Puerta de Toledo, San Andrés, Cipriano Tornero, Corbera, Concepción, San Francisco, Plaza de España, donde tiene lugar la ceremonia del encuentro, y San Pablo, hasta su templo.

12 abr. 2009

CONJUNTO URBANO RENACENTISTA DE ÚBEDA, UNA CIUDAD PARA LA SEMANA SANTA.



“La Semana Santa florece en Úbeda de una manera comunitaria, espontánea, popular irreprimible. Pocas, poquísimas ciudades existen en España más idóneas, para las emociones de Semana Santa. Nada resulta en Úbeda como una procesión. Y es el “fenómeno” de la Semana Santa, la plasmación de un gesto expresivo y autentiquísimo en el que nuestro pueblo vierte toda una carga de herencia espiritual para docencia publica”.
Juan Pasquau. Biografía de Úbeda.


Sobre el cerro de Úbeda, del que recibe su nombre, y cercana a la corriente fluvial del Guadalquivir, se levanta la señorial localidad andaluza de Úbeda, de la que Eugenio D’Ors elogiaba:

“Aquí se trata de arte. Y de arte de lo mejor, del Renacimiento. Hasta el punto de creernos transportados a Ferrara, a Brescia, a alguna de aquellas ciudades menores del Norte de Italia, puros santuarios de la universal estética devoción. ¿Dónde hemos visto, inclusive, este elegantísimo detalle de la columna blanca en mármol o alabastro, señalando la coyuntura media de un balcón en un ángulo de la fábrica de áureos sillares? ¿A que opulento señorío nos transporta el palacio de Vela de los Cobos? Pero el viejo monasterio de las Dominicas, hoy Casa del Municipio, no muestra ya prestancia señorial, sino imperial.

¿Me atreveré a decir que aquí ni siquiera me importa demasiado que haya desaparecido en las consabidas destrucciones el altar de Berruguete, Donatello y Vandelvira? A escala mayor es la hermosura con que Úbeda regala, a la vez que para nuestros ojos, eclécticos, a nuestra jerárquica razón.

El paisaje de Úbeda, aparece dominado por olivares, que aportan a la villa una eficaz industria basada en la producción de aceite. Por otra parte abunda el cultivo de legumbres y cereales.

La ciudad aparece enclavada en el centro geométrico de la provincia de Jaén y es una de sus localidades más importantes de toda Andalucía, ya que se trata de uno de los lugares donde mejor se ha conservado su urbanismo y su arquitectura eminentemente renacentista. Por ello el 3 de julio de 2003, junto a la vecina ciudad de Baeza, fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad, por la UNESCO.

A pesar de que se han encontrado restos arqueológicos fechados en la Edad del Bronce y se sabe que Úbeda debe su fundación a los romanos, no será hasta la llegada de los musulmanes a la Península cuando empieza a cobrar un papel de cierta relevancia. A ellos se debe el amurallado de la villa y la construcción de la alcazaba. Distintos monarcas fracasaron en el intento de incorporación a la Corona de Castilla y habrá que esperar hasta 1234 para que la árabe ciudad sea reconquistada definitivamente por Fernando III, apodado el Santo. En la centuria siguiente, Úbeda asistió al cruento afrontamiento entre Juan I el cruel y Enrique de Tras támara. En el siglo XVI la villa vive su momento de máximo esplendor, ya que se convierte en uno de los lugares de paso que unían Levante con Andalucía. A esta época pertenecen sus edificios más destacados y que convierte a Úbeda en una de las ciudades renacentistas por excelencia.

Úbeda, como ciudad monumental, ofrece el escenario más adecuado para esa representación, para esas procesiones que en las grandes ciudades se pierden al discurrir por las anchas avenidas, pero que aquí, en la estrechez de las calles, todo se acomoda al tamaño de los “pasos”. Además, nuestra ciudad, por haber sabido ser un relicario, vive el ideal del espíritu y conserva su fisonomía tan peculiar, que hace que sea admirada por los enamorados del arte y las tradiciones.

En Úbeda, entre la adusta filigrana de sus piedras, con sus espectaculares desfiles procesionales, es capaz de dar, no sólo una exquisita emoción de arte, sino también algo vivo, que se puede comunicar a los visitantes sin necesidad de hacer intervenir elementos extraños a nuestra manera ancestral de entender y “realizar” la Semana Santa. Por eso nuestras cofradías, con la fina sensibilidad que aportan los siglos de existencia, han de cuidar al máximo la “puesta en escena”, para que las procesiones (con sus imágenes, tronos, túnicas…) quedando perfectamente inscritas en el marco monumental del que están rodeadas, sin que se produzcan ninguna disonancia.
Por ello el humanista y escritor ubetense nos relataba en su pregón Semana Santa de 1958. “Cabe que quien no conozca la Semana Santa de Úbeda, pregunte de ella: ¿cómo es? ¿Qué estilo muestra:¿A qué geografía sentimental pertenece?... ¿Domina la Semana Santa de Úbeda una profunda, genuina religiosidad? O... ¿es sólo una religiosidad histórica lo que en sus celebraciones se hace patente? Úbeda, que tiene el cuerpo de Andalucía, ¿dónde tiene su alma?

Preguntas algo capciosas pueden ser estas; preguntas que sería difícil contestar. Sí hay que decir que el estilo de nuestra Semana Santa –como el estilo de la ciudad misma- es un estilo autodidáctico; un estilo que se ha formado sin escuela y que, no por eso, ha de presumir que es un estilo... improvisado. Al contrario, nuestra Semana Santa tiene la característica que preconizaría D. Eugenio d ´Ors, de la “obra bien hecha”; acusa, el marchamo de una calidad. Obra que cada siglo, cada época, han ido enriquecidos y prestando sentido, ambiente, alma. Alma, sobre todo. De tal forma, que no podríamos decir que nuestra Semana Santa del 39 acá es distinta a la de antes; a la que acabamos de evocar. Porque si los accidentes han variado, si un esplendor nuevo la ha magnificado después de nuestra guerra de liberación con la creación de otras cofradías y con la superación creciente y estimulante de todas –las antiguas y las modernas-, su índole, a través de las vicisitudes, permanece inconmovible. Y si celebradas imágenes de Benlliure, de Higueras, de Vasallo, de Palma Burgos, de Coullat Valera, de Ruiz Olmos, de Prados López..., lucen ahora en nuestras procesiones, el pueblo, Úbeda, ha olvidado cualquier bache o solución de continuidad que impidiese la soldadura del fervor presente con el que las antiguas imágenes, bárbaramente destruidas, sustanciaban.

El estilo, creo, de la Semana Santa de Úbeda es –permítaseme la perogrullada- un estilo ubetense. Y si algún parecido, si alguna semejanza externa hay entre las procesiones de Úbeda y las de otras ciudades es, cuando no “pura coincidencia”, un efecto obligado de la esencial analogía religiosa y temática que, naturalmente, tiene que existir en estas manifestaciones del culto. Por lo demás, el trascendente Motivo de la Redención, al hacerse entre nosotros conmemoración popular, adquiere un inconfundible sabor propio, un carácter, que excepcionalmente cedería ante cualquier novedad expresa y artificiosamente importada.

Y he aquí por qué, también, la Semana Santa de Úbeda, en sus procesiones, es profundamente religiosa que a un pueblo, como pueblo, puede exigírsele. Porque, claro está, que el fervor no empieza y termina en las procesiones... Pero, sí certísimo es que el presupuesto individual de la piedad de cada hombre por separado debe cifrarse en más altas pruebas que las que las procesiones representa que, cuando hablamos de la religiosidad –y a ella aludimos necesariamente al glosar la religiosidad de un pueblo-, nos referimos, más que a otra cosa, aun nimbo, a un “clímax”. Y aquí si que nadie puede negarnos que la configuración comunal de Úbeda, la que llega imperada de con voz ineluctable de su pasado, parece hecha “ad hoc” para impulsar un fervor, ¡Con cuanta razón D. Melchor Fernández Almagro llamara a Úbeda “Ciudad de Semana Santa” . En efecto, nada parece en este pueblo nuestro tan natural como una procesión. Y no vamos a repetir ahora que el marco artístico de Úbeda es insustituible; que hay el trazado de sus callejas, en la paz de sus rincones, en el sosiego de sus plazas, en el modo de sus gentes, un no sé qué que la predispone a cualquier delicada manifestación de espíritu. Todo esto, tan evidente, implica que, aquí, apenas cabe lo inauténtico; que entre nosotros la Semana Santa no es un capricho, ni una ostentación, ni el alarde de unos cuantos, sino la eclosión de todo un pueblo que acaece, cada año, como un deshielo avasallador y luminoso; i como una efusión de cristianísima belleza que inunda de avenidas cordiales los ámbitos, rezumantes de gloria histórica, de la Noche, Vieja Ciudad!

Junto al paisaje natural, como contrapunto, en esta Úbeda de los cerros…, se levanta los templos, cargados de historia, y que son algo más que la arquitectura que les da forma y los comunica armonía y belleza. Son unos templos que hablan de un cristianismo que ahonda sus raíces en el tiempo. En ellos vives y de ellos irradia una tradición religiosa profundamente arraigada en el alma del pueblo.

Muchos de las iglesias de Úbeda, son como una expresión de arte elocuente, expresado en los más diversos estilos, a través de su arquitectura y de las imágenes que atesoran, de las que salen a relucir la sobriedad de Castilla y el barroquismo de Andalucía.

Y por último Francisco Palma Burgos opinaba así sobre la Semana Santa de Úbeda y la ciudad: « ¡Qué difícil una autocrítica, si se quiere ser sincero! Muchas horas pasé viendo mis cosas, las últimas y las primeras; muchas horas viendo mis imágenes, las que hice para esta ciudad rezumante de arte, donde mi emoción quedó pendida en sus calles y plazas, buscando mi eco, golpeando mis sentidos en sus encantos para que la percusión depurara mi arte hasta hacerlo digno de esta ciudad. Cuando veo a mi Cristo de la Columna salir por la arcada gótica de San Isidoro, entre un reflejo de morados penitenciales, disfruto de una estampa que se repite todos los años, en la misma tarde. Si veo alguna incorrección en esta obra mía, no se me ocurre corregirla, porque la emoción que me produce la contemplación de la imagen -una de la primera que tallé en Málaga- me lo impide. Para mi empieza la Semana de Pasión con esta procesión de mi Cristo. Porque el Domingo de Ramos es de júbilo; es un domingo rubio en que hay que saltar a la calle con risa fresca de humedad interna; un domingo en que las mismas canas se enverdecen, entre la sinfonía olorosa de las palmas, juncia y ramos de oliva. ¿Qué diré de mi imagen de «La Entrada de Jesús en Jerusalén»? Pues que cada año quisiera hacer una nueva para que cada nuevo Domingo de Ramos se estrenara, y de esta forma poder yo ofrecer a Jesús el homenaje de la superación.

En cuanto a mis otras imágenes... yo quiero creer que la Plaza de Santa Maria de Úbeda esta hecha para mi «Santo Entierro»; es allí donde lo veo mejor; el semblante de la Virgen herido de puñaladas de luz fría que aumentan su dolor; los «Santos Varones» como cipreses silenciosos y erectos; la Magdalena como flor mustia, hoyada y fragantísima, a los pies de Cristo; San Juan, como una cruz viva, joven de nueva savia... ¡Le hace falta más trono a este «paso»!

La imagen para la Semana Santa ubetense que más trabajo me dio fue «El Resucitado». Las dificultades escultóricas para la plasmación de este trance glorioso del Señor son notorias. Precisamente por eso, en la ejecución de esta imagen puse todo mi interés y el ritmo de mi pulso se acompasaba a las cordiales efusiones de mi Amor. Deseo siempre un «Resurrexit» en mi arte joven, y porque quiero renovarme y rejuvenecerme a cada momento, hice con tanto cariño esta imagen de Cristo glorioso ».

7 abr. 2009

La Representación de la Asunción de María en la Reja de la Capilla del Deán Ortega.


Asunción de María o Asunción de la Virgen es la creencia , de acuerdo a la Tradición y teología de la Iglesia Católica, de que el cuerpo y alma de la Virgen María fueron llevados al cielo después de terminar sus días en la tierra.
Este traslado es llamado Assumptio Beatæ Mariæ Virginis (Asunción de la Bienaventurada Virgen María) por los católicos romanos, cuya doctrina fue definida como dogma (verdad de la que no puede dudarse) por el Papa Pío XII el 1 de noviembre de 1950. La Iglesia Católica ha celebrado esta fiesta en honor de la Virgen María, en Oriente desde el siglo VI y en Roma desde el siglo VII, celebrándose el 15 de agosto.

Sobre la muerte de María no hay datos certeros bíblicos o históricos ni del lugar (algunos señalan Éfeso o Jerusalén) ni del modo.

Las Narraciones apócrifos sobre la Asunción de María aparecen aproximadamente desde el siglo IV y V. Siendo el más difundido y posiblemente uno de los más antiguos en el oriente bizantino el "Libro de San Juan Evangelista (el Teólogo)". Este y otros escritos apócrifos tuvieron gran influencia en diversas homilías y escritos de los oradores orientales, como por ejemplo Andrés de Creta el Santo, Juan de Tesalónica, Juan de Damasco, Germán de Constantinopla,... Si bien no tenían ni tienen carácter histórico, la Iglesia Católica vio en estos escritos el fondo teológico que existía y del cual los relatos eran expresiones adornadas.


La primera noticia oficial a la Asunción se halla en la liturgia oriental; en el siglo IV se encomiaba la fiesta de "El Recuerdo de María" que rememoraba la entrada al paraíso de la Virgen María y donde se hacía referencia a su Asunción. Esta fiesta en el siglo VI fue llamada la Dormitio, donde se celebraba la muerte, resurrección y asunción de María. El emperador bizantino Mauricio estableció que la fiesta se celebrara el 15 de agosto en todo el imperio; conviene aclarar que sólo fijó una fecha, no “inventó” la fiesta, ya que ésta se celebraba desde antes.

Otra demostración que evidencia la celebración la da San Gregorio de Tours quien en su obra “De Gloria Martityrum” señala que ésta fiesta la celebraban en Jerusalén al final del siglo VI.


El Dogma. En 1849 llegaron las primeras peticiones al Vaticano de parte de los obispos para que la Asunción se declarara como doctrina de fe, estas peticiones aumentaron conforme pasaron los años y años después cuando el Papa Pío XII consultó al obispado en 1946 por medio de la carta Deiparae Virginis Mariae, la afirmación de que fuera declarada dogma fue casi unánime. Así el 1 de noviembre de 1950 se publicó la bula Munificentissimus Deus en la cual el Papa, basado en la Tradición de la Iglesia Católica, tomando en cuenta los testimonios de la liturgia, la creencia de los fieles guiados por sus pastores, los testimonios de los Padres y Doctores de la Iglesia y por el consenso de los obispos del mundo como "Magisterio Viviente", declaraba como dogma de fe católica la doctrina de la Asunción de la Virgen María:
Por eso, después que una y otra vez hemos elevado a Dios nuestras preces suplicantes e invocado la luz del Espíritu de Verdad, para gloria de Dios omnipotente que otorgó su particular benevolencia a la Virgen María, para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte, para aumento de la gloria de la misma augusta Madre, y gozo y regocijo de toda la Iglesia, por la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo y nuestra, proclamamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado: Que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrestre, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial.

Con frecuencia, la piedad popular y el arte mariano han representado a la Virgen, en este misterio, llevada por los ángeles y aureolada de nubes. Santo Tomás ve en estas intervenciones angélicas hacia quienes han dejado la tierra y se encaminan ya al Cielo, la manifestación de reverencia que los Ángeles y todas las criaturas tributan a los cuerpos gloriosos. En el arte cristiano occidental, la Asunción de la Virgen es un tema tardío, que costó convertir en dogma, porque parecía más un tema piadoso que doctrinal. Fue con ocasión del Año Santo en 1950 cuando el Papa Pío XII definió el dogma de la Asunción de María.

En el siglo VIII, la Iglesia no lo consideraba un dogma, y en Oriente, se veneraba la Dormición de la Virgen, de la que tenemos grandes obras también en Occidente hasta la época del Barroco en el siglo XVII.

La Virgen tiene una actitud pasiva en la Asunción, no sube por sus propios medios sino que es subida, ascendida por las alas de los ángeles hacia el Paraíso. En algunas representaciones antiguas se reflejaba de dos maneras, la Asunción del alma y la Asunción del cuerpo.

Artísticamente, hubo bastantes confusiones en los temas a representar, porque la Asunción de la Virgen es la subida de la Virgen hacia los cielos, en cambio, la Inmaculada es su “descender” a la tierra. En diferentes representaciones, se la representa con rasgos comunes, la luna bajo sus pies, la frente coronada de doce estrellas como la mujer del Apocalipsis... Por eso, Asunción e Inmaculada, tienden a confundirse en el arte.

En ocasiones, la Asunción se transforma en Ascensión, porque la Virgen no será elevada a los cielos por manos de los ángeles sino que en muchas escenas es la Virgen la que sube a los cielos, rodeada, como si fuera un cortejo, un acompañamiento solemne, de los ángeles.

El ejemplo más contundente de esta transformación iconográfica será la obra de Tiziano, un gran retablo de altar, pintado en 1518 para un convento veneciano. Parece que en el siglo XVII, se vuelve a la representación tradicional, por la que la Virgen es elevada a los cielos por los ángeles que la rodean y acompañan.

En esta iconografía de la Virgen elevada por ángeles encontramos bordados, relieves, miniaturas, tímpanos de portadas y varias obras de pintores célebres como Masolino, Fra Filippo Lippi, Mantenga.

En la representación de la Virgen ascendiendo sola, las representaciones son más abundantes: Perugino, Tiziano, Correggio, Durero, Guido Reni, Annibale Carracci, Rubens, Rembtrandt, Poussin, Murillo, Piazzetta, para citar los más relevantes.

Para citar otra bello ejemplo, lo localizamos en la coronación de la monumental reja de la capilla del Deán Ortega en San Nicolás de Úbeda.


La Iglesia de San Nicolás de Bari es una iglesia y monumento de la ciudad de Úbeda (Jaén), considerada uno de los mejores ejemplos del gótico andaluz. En su interior destaca la capilla del Deán Ortega con portada plateresca y una reja de forja y policromada, obra de Juan Álvarez de Molina , hecha en Toledo. Su portada consiste en un gran arco de triunfo, enmarcado por columnas con anillos de calaveras que simbolizan la muerte y cabezas de querubines que recuerdan la esperanza de la resurrección .

Es muy posible que, nada más tomado posesión Fernando Ortega del deanato de Málaga, en torno 1527, ideara la creación de esta capilla, que adoptaría el título de la Purísima Concepción de Nuestra Señora, en homenaje a sus padres y como enterramiento -ya en sí lo era- de él mismo y sus antepasados. Esta voluntad inicial, su primitivo deseo de honra filial, es fundamental para comprender el verdadero significado de la fundación y todo el programa ideológico que ésta conlleva. Por ello sería oportuno no olvidar la personalidad y carácter de los padres de nuestro patrono, Bartolomé Ortega Cabrio y San Millán y doña Elena Salido de Ortega hija natural legitimada de don Juan de Ortega Salido, Armero Mayor de Carlos I.

En 1537 Paulo III proporciona al fundador de una bula para poder nombrar patrono abasteciéndola de capellanes y ordenanzas, unidad que cumple en 1550. La portada , por su verticalidad, ofrece una doble lectura ascendente y descendente. La traza de la gran portada funeraria refleja ya un completo conocimiento del lenguaje clasicista, cuya estructura de arco triunfal manifiesta diseños plenamente renacentistas . Tampoco debemos perder de vista la presencia activa de Aquilis, a quien -documentalmente comprobado- se había encomendado la ejecución de su retablo, simultaneando por aquellos años su actividad en Granada y Úbeda.
La reja que -en palabras de Domínguez Cubero- "muy bien podría servir de prototipo jiennense", consta de dos cuerpos de balaustres, separados por soportes capitales apeados sobre plintos.

Estos plintos, o basamentos, ofrecen unos relieves cincelados con las figuras de un joven recostado sobre un león y un niño que estrangula unas serpientes. Son, nuevamente, representaciones de Hércules que es en suma, una clara referencia al pecado vencido por la obra redentora de Cristo, que nos alude al motivo central de la reja: la Virgen María, vestida de azul y rojo coronada por Dios, en pie sobre querubines y rodeada de angelotes bailando y elogiando la asunción. Más bien nos recuerda a una pintura de La Asunción de la Virgen de Tiziano, que se encuentra en la Basílica de Santa María Gloriosa dei Frari, de Venecia, Italia.

La calle central, donde se abre la puerta, presenta sobrepuerta con heráldica sostenidas por elegantes y manieristas tenantes desnudos y grifos, los ya familiares y míticos monstruos, híbridos de águila y león, consagrados en la tradición griega a Apolo Sauróctono para la guarda de los tesoros. En los copetes laterales dos broqueles con las imágenes de San Bartolomé y San Francisco son sostenidos por atlantes.

Según nos dice Arsenio Moreno Mendoza “…San Bartolomé, con los atributos de su martirio, es un homenaje al padre del fundador, su santo patrón. San Francisco, a su vez, debía de gozar de la devoción familiar de los Ortega pues, en el convento de San Francisco de Asís en Úbeda, donde en 1561 se había hallado una imagen de Nuestra Señora de los Ángeles, "la cual por inmemorial de gentes estaba aquí escondida" Cristóbal de Ortega había fundado patronato y capilla en tiempos del Emperador…”

En agosto de 1592, fue efectuado el dorado y la policromía de la reja por Antonio de Aquilis, hijo de Julio.

Notas:

En palabras del Papa Juan Pablo II:
Con la Asunción de María a los cielos se han realizado definitivamente en Ella los efectos de la única mediación de Cristo, Redentor del mundo y Señor resucitado: “todos revivirán en Cristo .Pero cada cual en su rango” (I Corintios.15,22-23)

La Asunción es don y gracia de Dios, María es la primera entre todos que ha gozado de los méritos de Cristo, es señal de esperanza para los creyentes en Cristo que en ella ven la certeza del paraíso. La glorificación de la cual María ya goza es la que espera a los fieles al final de los tiempos, estar en cuerpo y alma en el cielo.


Obtenido de "http://es.wikipedia.org/wiki/Asunción_de_MarÃa"
Categoría: Mariología.

Juan Álvarez de Molina es un famoso escultor, orfebre y rejero español del siglo XVI. Natural de Úbeda (Jaén). Conocido por realizar las extraordinarias rejas de la capilla mayor y el coro de la Catedral de Toledo en 1547.
La rejería (arte de construir rejas o verjas) alcanza durante el renacimiento su mejor expresión y su arte más noble. Álvarez de Molina, junto a Francisco de Villalpando, encuentra en la Catedral de Toledo las mejores expresiones de este arte.
En su ciudad natal realiza numerosas obras, como la reja de la capilla del Deán Ortega en la Iglesia de San Nicolás, que fue concluida en torno a 1537. Con diseño de Andrés de Vandelvira, realiza asimismo la reja del Hospital de Santiago, que acaba en 1576.


La construcción de esta admirable capilla de estilo renacentista fue terminada, según reza una cartela, en el año 1537. Este dato hizo sospechar a Ruiz Prieto que el inicio de la construcción debió adelantarse entre siete y diez años.

Y, posiblemente, no le faltara razón y a nosotros motivo para dudar, a un tiempo, sobre la atribución de su maestría que tradicionalmente se ha venido asignando a Andrés de Vandelvira, toda vez que por esas fechas el maestro tendría una edad oscilante entre los veintidós y veinticinco años, manteniendo aún su residencia en la ciudad de Alcaraz.

Bien merecería la pena recordar que en 1527 Ortega ha dispuesto de los servicios del maestro jiennense Diego López, quien ha acompañado al deán a Málaga para hacerse cargo de la maestría de su catedral y que, por tanto, debía gozar de la absoluta confianza del eclesiástico.

Sin duda alguna, un mejor conocimiento de la trayectoria profesional de este maestro, quien hasta 1540 trabajará al frente de las obras catedralicias, nos reportaría mayor luz sobre la hipótesis de su intervención en esta obra privada de su patrono. Entre tanto, será prudente aguardar otras noticias.

La misma ha sido objeto de numerosos estudios, en especial por Camón Aznar, Chueca Goitia y Arsenio Moreno.

La portada es un extraordinario arco de triunfo, con rica decoración plateresca, vinculada a lo toledano, atribuida a Andrés de Vandelvira, según Chueca Goitia.

Nos cuenta Juan Barranco: En contra de lo que se creía, este ostentoso blasón no corresponde a nuestro Deán sino a don Andrés de Ortega Cabrío y Magaña, su sobrino y heredero y a la esposa de este doña Felipa de Carvajal y Valenzuela.

Úbeda Renacentista. Arsenio Moreno Mendoza, 1993

4 abr. 2009

UN CUADRO DE SAN ANTONIO DE PADUA EN LA IGLESIA DE SANTA MARÍA DE ÚBEDA



Retablo compuesto por tres lienzos con escenas de la vida de Antonio de Padua realizado por el artista local Marcelo Góngora.

ARTICULO PUBLICADO EN LA REVISTA COFRADE ET SETENCIATUS FUIT núm. 15.

Antonio de Padua, también venerado como San Antonio de Lisboa fue un teólogo, predicador, monje portugués. Nació en Lisboa el 15 de agosto de 1195, con el nombre de Fernando de Bulhões, en el seno de una familia de la aristocracia descendiente del cruzado Godofredo de Bouillon, y murió en Padua el 13 de junio de 1231. Fue canonizado en 1232.

Se ilustró en la escuela catedralicia local. Obstaculizando los deseos de su familia, Fernando ingresó en la abadía Agustina de San Vicente en las afueras de Lisboa. Los monjes de la orden de San Agustín, de la cual él era miembro, eran famosos por su dedicación a los estudios. Antonio estudió Sagrada Escritura y la teología de algunos doctores de la Iglesia católica como Agustín de Hipona, Jerónimo de Estridón, Bernardo de Claraval y Gregorio Magno. También estudió los clásicos latinos como Séneca y Ovidio. Después de conseguir la autorización de sus superiores religiosos, se trasladó a la abadía de la Santa Cruz en Coimbra, para prolongar sus estudios.

En el verano de 1220 paso de un extremo y se hizo franciscano. En ese instante adoptó el nombre de Antonio en honor de Antonio Abad a quien estaba dedicada la ermita franciscana en la que él residía. En la fiesta de Pentecostés de 1221 miles de frailes (Antonio entre ellos) se reunieron en Asís, episodio que ha pasado a la historia como el Capítulo de las Esteras ya que muchos de los frailes ahí reunidos tuvieron que dormir en esteras. Este Capítulo General tuvo por lema un versículo del Salmo 143: “Bendito sea el Señor mi Dios que adiestra mis manos para la batalla” y estuvo presidido por el cardenal Raniero Capocci en ausencia del patrón de la orden, el cardenal Ugolino dei Conti di Segni, quien sería luego el Papa Gregorio IX.
Una vez rematada la reunión, el monje jurisdiccional de Bolonia, Fray Graciano lo envió a una pequeña ermita en las montañas del pueblo de Monte Paolo para que sirviera como sacerdote. Durante este período comienza su carrera como predicador viajando por todo el norte de Italia y el sur de Francia contra las herejías. Su primer campo de acción apostólica fue la romana donde le tocó enfrentarse al catarismo. Conocido en aquel entonces como "Doctor Evangélico", escribió sermones para todas las fiestas del año. Su obra escrita son los Sermones en latín.
Antonio de Padua es la persona más rápidamente canonizada por la Iglesia católica: 352 días después de su fallecimiento, el 30 de mayo de 1232. Antonio de Padua es el patrón de Lisboa, de Padua, donde permanecen sus restos, y numerosas otras ciudades, como Concordia (Entre Ríos) e Ingeniero Maschwitz (Buenos Aires), en Argentina. Es especialmente invocado por los católicos en diversas ocasiones o motivos debido a la cantidad enorme de milagros que se le atribuyen.

En 1263, la ciudad de Padua le brindó un oratorio que conserva sus restos. Treinta años después de su muerte, el sarcófago donde se encontraba su cadáver fue abierto. Se cuenta que aunque todo su cuerpo estaba ya corrupto la lengua no, lo que provocó una nueva oleada de devoción y la admiración de otros galanes católicos como Buenaventura de Fidanza. Fue proclamado Doctor de la Iglesia el 16 de enero de 1946.

En Brasil y algunas partes de América Latina y en Portugal, es reconocido como el santo de los matrimonios y el día de su fiesta (el 13 de junio) las jóvenes solteras gozan la costumbre de comprar una pequeña imagen de San Antonio y colocarla al revés como escarmiento hasta que hayan encontrado un buen marido. Esta entrometida tradición ha sido captada muchas veces en la cultura popular portuguesa y latinoamericana .

En Úbeda, y en su clausurada iglesia de Santa María de los Reales Alcázares, se guarda un retablo neogótico dedicado al santo. Exactamente en el testero de la antigua capilla del Canónigo Becerra .

Dicho retablo compuesto por tres lienzos fue realizado por el artista local Marcelo Góngora, representa escenas de la vida de Antonio de Padua, esta firmado y fechado en 1965. Además encuadrado en un interesantísimo realismo sorprendente y nostálgico de perfeccionadísima técnica.

Notas:

"http://es.wikipedia.org/wiki/Antonio_de_Padua"

Santa María es la iglesia más unida a la historia de Úbeda, es sin duda la Antigua Colegiata de la ciudad. Fue la tercera iglesia más importante en dignidad del Santo Reino y sigue cerrada, desde 1983 al culto, debido a unas interminables, y no siempre certeras, obras de restauración. El templo data de los siglos XIII; XIV; XVI; XVIII; XIX e incluso pertenece al siglo XXI, por el nuevo aspecto que presenta su interior, debido a la consabida restauración. En ella conviven armoniosamente todos los estilos incluso los que no ha dado conocer el arte. Lo más interesante son sus fachadas, el bellísimo claustro, las capillas del interior y la rica rejería del interior.

La capilla de San Antonio o de los Becerra, junto a la cabecera en el lado sur. De planta y dimensiones sencillas, ofrece, en cambio, la portada gótica más suntuosa de Santa María: arco apuntado con arquivoltas, decorado con una amplia cenefa de cardinas y becerros que arranca desde la base. Protuberantes agujas lo enmarcan prolongadas en pináculos; a los que se adosan las imágenes de San Juan y San Lorenzo, bajo dosel, mientras en el tímpano van las de San Pedro y San Pablo en torno a la Virgen y heráldica. El vano se cierra con una reja del maestro Bartolomé, en la que alternan barrotes toros, con frisos y escenas renacentistas. La planta cuadrada, se cubre de tercelete con decoración de becerros y heráldica en la clave.