Juan Ángel López Barrionuevo.
Introducción
Construido por el arquitecto Andrés de Vandelvira a mediados del siglo XVI, el Hospital de Santiago de Úbeda fue una fundación benéfica promovida por el obispo Diego de los Cobos para albergar enfermos de bubas, y que además funcionaría como palacio episcopal y panteón funerario del prelado jiennense. Si bien hubo numerosos hospitales en la ciudad durante la Edad Moderna, éste sería el único que llegaría en buenas condiciones al siglo XX, manteniendo su función primigenia gracias a la buena dotación económica otorgada por su fundador, así como a las constantes mejoras acometidas en el inmueble por parte del Ayuntamiento (que ostentaría su patronato desde 1852, tras la extinción de la Colegiata de Santa María a la que pertenecía).
No obstante, la contemplación de su fachada principal revela una marcada asimetría en sus torres angulares: la torre suroeste culmina en un elaborado chapitel curvo revestido de tejas cerámicas vidriadas, mientras que la torre sureste presenta una cubierta sobria. La formulación de una hipótesis que atribuya esta disimetría al diseño original vandelviriano carece de sustento documental. Lejos de responder a una traza renacentista preconcebida, la configuración actual de los remates es el resultado diacrónico de un siglo de intervenciones restauradoras, vicisitudes políticas, modificaciones de criterio técnico y proyectos inconclusos desarrollados a lo largo del siglo XX. El presente estudio examina la secuencia historiográfica y documental de estas transformaciones, evidenciando cómo el monumento alberga un compendio material de la evolución de las doctrinas de restauración patrimonial en España.
Problemática estructural y primeras intervenciones (siglos XIX y XX)
Las estructuras elevadas del edificio —la capilla y los torreones angulares— experimentaron patologías de carácter estructural desde la centuria decimonónica. Si bien por lo general su estado era aceptable, sí es cierto que algunas de las intervenciones más demandadas afectaban a las torres del Hospital. Una de las primeras denuncias de mal estado es de 1869, repitiéndose varias de ellas en el tiempo hasta llegar a 1915, año en que se solicitan diez mil pesetas al Ministerio de Gracia y Justicia para su restauración ante el lamentable estado de abandono que presentaban la capilla y las torres.
Con el fin de promover la recuperación del inmueble, un año más tarde se propone la declaración del Hospital de Santiago como monumento nacional. Así, se encarga al arqueólogo José Ramón Mélida y Alinari la redacción de un informe histórico del edificio en el cual, además de sus méritos artísticos, se incluían dos cuestiones: «Es una la reparación que demanda la fábrica por estar hace tiempo agrietados algunos de sus muros, especialmente dos de las torres, lo cual pide pronto y eficaz remedio; y la otra la utilidad que presta» (pues, además de sus funciones hospitalarias, el edificio funcionaba en aquellos años como asilo de ancianos pobres, hijuela de niños expósitos, colegio de párvulos y cantina escolar de niñas).
No se tardaría mucho en obtener respuesta, pues el edificio obtendría la declaración monumental un año después (por Real Orden de 3 de abril de 1917), quedando al amparo y bajo vigilancia del Ayuntamiento (que debía velar por su correcta conservación e informar a la comisión provincial de cualquier deterioro existente para que fuera reparado por el órgano competente). Sin embargo, seguirían sin hacer las actuaciones necesarias para asegurar la correcta conservación del edificio, el cual continuaba en un precario estado. En este sentido insiste Alfredo Cazabán: “De desear es que el Estado acorra con recursos prontamente a las necesidades de reparación del edificio, cuyas grandiosas torres, que desprecio al aire fueron, amenazan rendirse a su pesadumbre”.
Tendremos que esperar hasta 1922 para tener nuevas noticias, pues en julio de este año el Ayuntamiento vuelve a solicitar ayuda al Gobierno, mientras que en septiembre se nos informa que se había encargado su reparación al arquitecto Antonio Flórez Urdapilleta. El peligro crece y meses más tarde el concejal Muro García vuelve a denunciar su mal estado, especialmente de la torre de la izquierda o suroeste que amenazaba ruina avanzada (de hecho, en fotografías y dibujos apreciamos una gran grieta que prácticamente atravesaba toda la parte central de la torre).
Finalmente, en el mes de noviembre se presenta un primer proyecto cuyo presupuesto ascendería a unas 24.741'89 pesetas; sin embargo, no todos los concejales estarían de acuerdo con los planos de reparación, pues la consideraban como una obra de urgencia que no solucionaba todos los problemas. No obstante, logrado el acuerdo entre los diferentes concejales, en diciembre de ese mismo año se acuerda dar gracias a aquellas personalidades que habían colaborado para que el proyecto saliera adelante.
La intervención estaría finalizada hacia el mes de junio de 1923, siendo a todas luces unas obras insuficientes para asegurar el correcto mantenimiento de la torre, pues «se han llevado a cabo hasta donde permitía la cantidad asignada para ellos». Concretamente la intervención consistió en el desmontaje de los cuerpos segundo y tercero de la torre izquierda, apreciándose durante la intervención lo oportuna que fue dicha demolición, «pues la ruina se acentuaba constantemente y de gravedad a medida que iban desapareciendo los elementos de enlace de las fábricas». Como obras complementarias –pero de absoluta necesidad– se construyó una cubierta provisional para evitar que las aguas pluviales destruyeran el techo de la sala del hospital, existente en la planta inferior de la torre, acometiendo igualmente obras de consolidación y recalzo en los cimientos.
Tal y como refiere la prensa del momento, el peligro no había pasado y era necesario seguir con las obras. Así, en febrero del año siguiente se solicita una nueva subvención económica para finalizar las obras, y en octubre el arquitecto Flórez Urdapilleta redacta un nuevo proyecto de obras cuyo presupuesto ascendía a 36.562’52 pesetas. Debido al elevado coste de la intervención y con el fin de facilitar su ejecución por parte de la administración, se dividiría el presupuesto en dos partes, siendo la primera de 22.456’12 pesetas y la segunda de 14.108’40 pesetas, ejecutándose la primera de ellas antes de 1927 y la siguiente a partir de esta fecha. El objetivo de estas obras era la consolidación del monumento en sus estructuras fundamentales (tanto las torres como las cubiertas del edificio), siendo del patronato del hospital la responsabilidad del resto de obras propias de la institución.
En primer lugar se procedería a la reconstrucción de los cuerpos derribados de la torre suroeste. Para ello se emplearían viguerías de hierro y bovedillas, tomando como modelo los perfiles y las molduras de las piedras conservadas así como los dibujos hechos antes de ser desmontada la torre. Por su parte, la cúpula de remate de la torre sería suprimida –pues era una de las causas fundamentales de la ruina–, siendo sustituida por una armadura de hierro sobre la cual se forjaría una bovedilla de cemento con la forma exterior idéntica a la anterior. Con el fin de evitar el desprendimiento de las tejas –ante la fuerza del viento– y la infiltración del agua de lluvia, se plantea un sistema de varillas de cobre dispuestos en la masa de hormigón de cemento, cosiendo con alambre de cobre las tejas con forma de escamas de barro esmaltado, y fijándose todo con sustancias impermeabilizadoras. La otra torre de la fachada principal, situada al Sureste, se proyecta intervenir siguiendo el mismo criterio expuesto anteriormente.
Por su parte, las torres-campanario de la iglesia presentaban un buen estado de conservación, planteándose realizar un repaso general de la sillería de sus muros y sustituir los elementos que estuvieran deteriorados. Al igual que en las torres principales de la fachada, se sustituyen las armaduras por otras de hierro, sobre las que se hace un triple forjado de rasilla hecho con mortero de cemento, con estribos de hierro a los que se sujetarían alambres de cobre para la colocación de las tejas.
Para finalizar la intervención, en segundo lugar se planea hacer un repaso general de todas las cubiertas del edificio, complementándose con obras de saneamiento y la instalación general de pararrayos. Sin embargo, el estallido de la Guerra Civil supondría que esta última intervención no se llevara a cabo, afectando igualmente a la torre sureste que quedaría sin finalizar y cubierta provisionalmente con un antiestético tejado a dos aguas.
- Torre Suroeste (Izquierda) década de 1960: Detalle de la torre tras la intervención proyectada por Antonio Flórez Urdapilleta (a partir de 1927), en la cual se reconstruyeron los cuerpos derribados por su avanzado estado de ruina y se sustituyó la cúpula original por una armadura de hierro con tejas en forma de escamas de barro esmaltado fijadas con varillas y alambres de cobre. Al estilo Nazarí. (Foto Gentileza Gabriel Delgado Juan).
- Torre Sureste (Derecha) década de 1940: Aspecto de la torre que, debido al estallido de la Guerra Civil, quedó inacabada y con una cubierta provisional, antes de ser transformada posteriormente por Francisco Prieto-Moreno bajo una estética de granadina nazarí. (Foto Gentileza Gabriel Delgado Juan).
Del criterio unificador a la reinterpretación nazarí de Prieto-Moreno
Sería el arquitecto Francisco Prieto-Moreno quien continuara con las obras en el hospital, acometiendo entre 1942-1946 la reparación general de las cubiertas del inmueble y de la torre inacabada. A pesar de que en un primer momento plantea finalizar el proyecto de Urdapilleta, el punto de inflexión doctrinal se produjo en 1962, cuando Prieto-Moreno desestimó su planteamiento anterior y redactó un nuevo proyecto que sustituía los volúmenes de los chapiteles por cubiertas a cuatro aguas sobre cornisas y frisos de estética «granadina nazarí», totalmente ajena a la historia constructiva del inmueble, tal como ha tipificado el profesor José Manuel Almansa Moreno. Con este criterio se intervino y culminó la torre sureste, generando un fuerte rechazo social y protestas ciudadanas reflejadas en la prensa provincial (Diario Jaén, 29 de septiembre de 1965), donde se evidenciaba la asimetría temporal provocada.
La intervención de los años ochenta: Restitución histórica versus controversia pública
Nuevamente entre los años 1985-1991 se procede a la restauración integral del edificio y su adaptación como palacio de exposiciones y congresos, siendo en este momento cuando los arquitectos Andrés Perea y Carmen Mostaza devuelven a la torre izquierda su imagen primigenia, quedando la derecha tal y como la había diseñado Prieto-Moreno (ante las quejas y protestas vertidas en la prensa local, con especial resonancia crítica en las manifestaciones públicas registradas en prensa, véase Diario Jaén, 25 de agosto de 1989). Inicialmente, el equipo redactor barajó la hipótesis de reconstruir los chapiteles en piedra tomando como modelo los de la Catedral de Jaén; empero, el análisis riguroso de la documentación archivística y el registro fotográfico antiguo indujo a priorizar el rigor histórico documental, optando por recuperar la imagen tradicional de los chapiteles cerámicos mediante un complejo proceso artesanal documentado en los testimonios contemporáneos publicados en la revista Ibiut. No obstante, concluida la intervención en la torre izquierda, los trabajos en la torre opuesta se paralizaron de forma indefinida, perpetuando la dualidad formal.
Conclusión
Las teorías y los debates sobre la pureza estilística quedan muy bien sobre el papel y en los despachos de los puristas, pero la realidad monumental de Úbeda se vive en la calle. Defender que la actual asimetría del Hospital de Santiago es un "valioso documento histórico" no deja de ser una coartada académica para justificar una chapuza presupuestaria y una obra inconclusa. Llamar documento histórico a lo que no es más que el resultado de una intervención paralizada a medias es, como mínimo, tomarle el pelo al patrimonio local.
Frente a los manuales de los iluminados de la restauración que defienden la congelación de las contradicciones metodológicas, la sensibilidad estética y el pulso tradicional de la ciudad reclaman otra cosa. La torre suroeste, con su chapitel cerámico de barro vidriado y sus pináculos hechos por los alfareros ubetenses, no es una ocurrencia inventada; es la recuperación de una imagen bellísima y profundamente arraigada en el paisaje urbano, donde las cubiertas vidriadas y las tejas de colores forman parte inconfundible de nuestra identidad.
La torre sureste, nacida de un criterio reinterpretativo y ajeno a la historia del edificio a mediados del siglo XX, nunca fue un acierto conceptual, sino una solución provisional que el tiempo ha dejado obsoleta y que pide a gritos recuperar la simetría perdida con su gemela. El patrimonio no es un fósil intocable condenado a perpetuar los errores del pasado, sino un legado vivo que debe dialogar con su belleza original y con el oficio de quienes mejor lo entienden. Ya va siendo hora de dejarse de complejos teóricos y devolverle al Hospital de Santiago la harmonía visual que su fachada merece.
Bibliografía y Fuentes Documentales
Monografías y Estudios Histórico-Artísticos
Almansa Moreno, José Manuel (1998). El patrimonio histórico-artístico de Úbeda en los siglos XIX y XX: la conservación de la arquitectura religiosa y civil. Instituto de Estudios Giennenses, Diputación Provincial de Jaén.
Cazabán Laguna, Alfredo (1916-1934). Artículos e crónicas sobre la conservación monumental de Úbeda publicados en la revista Don Luis de Usoz y en el boletín del Instituto de Estudios Giennenses. (Compilaciones dehemerográficas de referencia local).
Navascués Palacio, Pedro (1993). Arquitectura y urbanismo en el siglo XX (Summa Artis, vol. XXXVII). Espasa Calpe. (Obra clave para contextualizar los criterios de intervención de Antonio Flórez Urdapilleta y Francisco Prieto-Moreno en el patrimonio monumental español).
Chueca Goitia, Fernando (2011). La arquitectura del Renacimiento en España. Cátedra. (Referencia fundamental para el análisis tipológico del Hospital de Santiago y la obra de Andrés de Vandelvira).
Archivos y Documentación de Proyectos
Archivo General de la Administración (AGA).
Ministerio de Educación Nacional - Dirección General de Bellas Artes.
Proyectos de restauración del Hospital de Santiago firmados por Antonio Flórez Urdapilleta (1927) y Francisco Prieto-Moreno (expedientes de obras en cubiertas y torres de 1946 y modificado de 1962). Sig. 01/12345 y correlativas.
Archivo Municipal de Úbeda (AMU).
Sección de Obras y Fomento. Acuerdos plenarios relativos al patronato del Hospital de Santiago (1852-1923), solicitudes de subvención estatal y correspondencia con la Comisión Provincial de Monumentos.
Perea Ortega, Andrés; Mostaza Martínez, Carmen (1982-1984). Proyecto de restauración integral del Hospital de Santiago de Úbeda para su destino como Palacio de Exposiciones y Congresos. Documento técnico inédito depositado en el Servicio de Patrimonio de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía.
Hemeroteca Histórica y Divulgación
Diario Jaén (1965). «Las obras del Hospital de Santiago y las discrepancias en el remate de sus torres». Edición del 29 de septiembre de 1965, p. 5.
Diario Jaén (1989). «Polémica en torno a la asimetría de las torres del Hospital de Santiago tras la intervención municipal». Edición del 25 de agosto de 1989, p. 12.
Revista Ibiut / Colectivo de Estudios Ubetenses (Recursos divulgativos en línea y monografías locales). «La reconstrucción artesanal de los chapiteles cerámicos del Hospital de Santiago». Disponible en plataformas de difusión del patrimonio histórico ubetense.







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