Juan Ángel López Barrionuevo.
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Arsenio Moreno, que estudió el retablo en profundidad en su libro Úbeda
renacentista, demostró hace unos años la presencia de este relieve en la
sacristía de la iglesia de San Pablo de Baeza, en donde fue trasladado tras la
Guerra Civil como consecuencia de una confusión a la hora de devolver la obra a
su lugar de origen una vez finalizada la contienda.
Tratare
sobre el Retablo desaparecido, de la Capilla del Camarero Francisco de Vago,
que se sitúa en la iglesia de San Pablo,.
San
Pablo de Úbeda, es una Iglesia dotada de gran significación histórica, pues
hasta el siglo XV fue el lugar en el que se reunía el Concejo y en el que se
custodiaban las certificaciones de linaje de la nobleza de la ciudad. A la
fundación original, del siglo XIII, se deben la organización del trazado de su
planta, de tipo basilical con tres naves y cabecera poligonal, y la portada
tardorrománica de Los Carpinteros. Tras ser arrasada en el siglo XIV, su alzado
general se reconstruye durante el XV y el XVI en estilo gótico.
En
el XVI se le incorporan, también, la portada principal, la torre plateresca y
una serie de elementos vinculados al carácter celebrativo del espacio urbano en
que se encuentra: una galería corrida en la fachada, desde la que se podían
contemplar los acontecimientos públicos desarrollados en la plaza, y la fuente
monumental adosada al exterior del ábside, como exponente conmemorativo en
pleno centro mercantil de la ciudad renacentista, de las obras públicas
promovidas por el Concejo. En el interior se conservan excelentes muestras de
rejería renacentista, destacando la de la Capilla del Camarero Vago; también
llamada de Las Calaveras por su remate en la parte alta. Es una de las capillas
más impresionantes de San Pablo, fundada en la primera mitad del siglo XVI por
Don Francisco Vago camarero y servidor del Obispo Don Alonso Suárez de la
Fuente del Sauce del que hemos hablado en varias ocasiones. Es plenamente
plateresca y hoy tan sólo voy a poner unas imágenes que pueden dar una idea de
su belleza. Añadir, por último, que la reja, de muy buena factura, es de Juan
Álvarez de Molina decorada con la heráldica del fundador que nos viene a
indicar hasta qué punto este hombre era seguidor y admiraba a su obispo.
El
desaparecido retablo de la Capilla del Camarero Vago de la Iglesia de San Pablo
Vamos
a adentrarnos en la capilla que tenía elementos importantes y que se perdieron
en su tiempo como el retablo, se trataba de un retablo plateresco, desaparecido
en 1936, y realizado en 1538 -a juicio de Camón Aznar- por artistas italianos. No
obstante, desconocemos la identidad de sus artífices ya que no ha sido posible
hallar el contrato en que dejaron estipuladas las condiciones respecto al
material traza, iconografía precios y el plazo de entrega.
La
composición, trazas y medidas de las maderas, debieron correr a cargo de un maestro
ensamblador o de un <arquitecto> denominación que también solía aplicarse
al primero. Las trazas no son monumentales, pues se adaptan a las reducidas
dimensiones de la capilla. El escaso realce y la poca claridad de sus líneas
arquitectónicas configuran el marcado horizontalismo de sus cuerpos. De esta
forma, nos encontramos ante un típico retablo plateresco, fragmentado en un
tradicional sistema de casillero, y compuesto de un pequeño banco, cinco calles
y dos cuerpos.
El
esquema general tiene forma de rectángulo vertical, y la planitud del fondo del
retablo resulta compensada mediante el resalte de sus extremos a modo de entablamento,
sostenidos por dos grandes columnas abalaustradas que abarcan ambos cuerpos.
Este recurso, además de conferirle un sentido de profundidad, logra unificar
todo el conjunto. Finalmente, el remate del retablo, estaba formado a modo de
tímpano semicircular[1].
José Manuel Almansa, acerca de este retablo de la
Capilla del Camarero Vago, lo atribuye a Juan de Reolid, quien lo ejecutaría
hacia 1545, y nos lo describe de esta manera, … el retablo estaba constituido
por dos cuerpos horizontales y coronado con un ático semicircular. Esos cuerpos
estarían subdivididos en cinco calles enmarcadas por columnas abalaustradas,
ubicándose dos nichos en los cuerpos laterales[2].
La calle central del primer cuerpo, ubicada sobre un
friso de grutescos, mostraba un relieve del Santo Entierro de Cristo, acompañado
por dos sibilas de bulto redondo ubicadas en hornacinas. A la izquierda se
ubica una imagen de la Caridad, representada con su iconografía clásica, y a la
derecha habría de ubicarse la imagen de la Justicia, siguiendo el esquema de la
portada principal de la capilla. En la calle central del segundo cuerpo
aparece una tabla que representa a la Virgen con el Niño, y a la izquierda,
tras otra tabla de difícil identificación, aparece un Thanatos cobijado en una
hornacina, es decir, un niño sosteniendo una calavera, que debió acompañarse en
el lado de la derecha por un Eros. Se remataba el retablo con un semitondo
en donde se representaba a San Ildefonso, al cual le estaba consagrada la
capilla…
Como curiosidad, el relieve
del santo entierro de Cristo, es el único trozo superviviente de este retablo,
y que curiosamente se halla en la sacristía del baezano templo de San Pablo[3].
Acerca de este relieve del
Santo Entierro, del que anteriormente hemos hablado, único resto existente del
retablo de la Capilla del Camarero Vago, fue expuesto en el año 2000, en una
importante exposición realizada en la metropolitana catedral del Santo Reino,
se ubicó en un principio sobre el dintel de la puerta que da acceso a la
sacristía del citado templo baezano
Lástima que tras terminar la citada exposición, ningún ubetense reclamase la
devolución de este relieve al patrimonio escultórico de Úbeda. Pero, en fin, es
otra historia… -
Es falso que todas las obras del
patrimonio ubetense desaparecieran en esa gran hoguera realizada en la tarde
del 26 de julio de 1936[4]. Muchas
piezas se conservaban en su ubicación original hasta fechas avanzadas de la
contienda; de hecho, en 1938 tenemos el informe particular realizado por Miguel
Campos Ruiz en donde habla de un gran número de obras y del estado de
conservación de nuestros templos (haciendo especial hincapié en los bienes de
la Capilla del Salvador). Sin embargo, parece que a partir de este momento se
incrementa la rapiña y el interés de ansiosos coleccionistas por poseer
pinturas y esculturas de especial valor artístico. Agustín Palacios
Martínez[5], nos
dice los siguiente: … Al principio de la guerra se trató de hacer un museo
en el Palacio del Marqués de la Rambla para que se depositase el material y
enviarlo a Madrid; pero lo asaltan. Mientras, Miguel Campos Ruiz y otras
fuerzas vivas quieren fundar un museo en San Nicolás, pero no le pueden quitar
a los esparteros esta iglesia y, por ello, lo esconden a las espaldas del El
Salvador, con unos estadillos que aparecerán cuando acabe la guerra, faltando
alguno…
Para el franquismo, la
República era la enemiga del patrimonio cultural y de la religión, estaba
controlada por los "rojos" y en su territorio dominaba la barbarie,
el caos, la iconoclasia y el robo de los bienes patrimoniales. Sin embargo,
esta acusación, que mantendría con insistencia machacona durante toda su
existencia, escondió durante décadas la labor de salvaguarda republicana de las
obras de arte y su destino en la inmediata posguerra.
Una investigación sobre las
devoluciones del patrimonio artístico español durante la posguerra saca a la
luz la diáspora de las obras que se dio por parte del régimen franquista. Miles
de ellas entregadas en depósito a diferentes instituciones, la falta de un
inventario estatal hace imposible su localización actual.
¿Qué hizo el franquismo con
los miles de obras custodiadas o evacuadas por la República durante la guerra?
Esa es la pregunta que ha resuelto Arturo Colorado Castellary en su libro: Arte, botín de
guerra. Expolio y diáspora en la posguerra franquista de Arturo Colorado[6].
En este minucioso estudio da
buena cuenta de cómo la devolución del patrimonio artístico
español realizada por el régimen terminó con la desviación de
multitud de obras que jamás fueron devueltas a sus dueños legítimos. Entre los
agraciados, diferentes organismos (civiles y políticos, militares, culturales y
centros educativos), pero también la Iglesia, con un patente trato preferente,
y algunos particulares que no dejaron pasar la oportunidad de beneficiarse del
momento.
La Iglesia española, la gran
beneficiada durante la posguerra. Según el estudio, 3.761 piezas artísticas
fueron entregadas en depósito a 35 museos, 2.330 a organismos, y 2.040 a la
Iglesia. Esta última institución, erigida como baluarte moral del régimen
franquista, tuvo un trato preferente en cuanto a las devoluciones. El propio
Colorado lo define como una compensación a la Iglesia por las
múltiples pérdidas ocasionadas durante la Guerra Civil por
la "barbarie roja", cuya "propaganda franquista en este
sentido ha dejado una huella tan profunda en la mentalidad española que, en
principio, a muchos podría parecerles justificado este trato preferente por
parte del Sdpan.
Por otra parte, la Iglesia
también obtuvo un regalo de los nazis, que quisieron compensar los daños que
habían sufrido durante la guerra. "Les entregaron un conjunto importante
de piezas procedentes de Polonia, fundamentalmente orfebrería religiosa. Fue
otra manera más de materializar la colaboración entre el nazismo y el
franquismo", explica Colorado.
En última instancia, se puede considerar que las
entregas de las obras de arte por parte del franquismo fueron el botín de
guerra del que se adueñó tras su victoria. En muchos sentidos, este expolio
franquista tiene paralelismos indudables con el realizado por los nazis en los
mismos años. Es el arte como botín de guerra.
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Fotografía de 1940 de los agentes franquistas del Sdpan en el depósito de Castellón, en la iglesia de la Casa de la Beneficencia, donde ase localiza la «Virgen de Cabanes», |
Bibliografía Consultada:
La Capilla Del Camarero Vago de
Úbeda. Arte e Historia de Una Fundación. Francisco Jesús Amate Deblas. CajaSur.
1998.
EL ASALTO A IGLESIAS Y CONVENTOS
EN LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA EN ÚBEDA. Agustín Palacios Martínez. Trabajo
Inédito. 2015
Arte, botín de guerra. Expolio y
diáspora en la posguerra franquista de Arturo Colorado. (2021)
La Guerra Civil y el patrimonio ubetense. José Manuel
Almansa Moreno.
Fotografías Gentileza:
Jose Luis Latorre Bonachera.
José Manuel Almansa Moreno.
Vidal.
[1] La
Capilla Del Camarero Vago de Úbeda. Arte e Historia de Una Fundación. Francisco
Jesús Amate Deblas.
[2]
Arsenio Moreno, que estudió el retablo en
profundidad en su libro Úbeda renacentista, demostró hace unos años
la presencia de este relieve en la sacristía de la iglesia de San Pablo de
Baeza, en donde fue trasladado tras la Guerra Civil como consecuencia de una
confusión a la hora de devolver la obra a su lugar de origen una vez finalizada
la contienda.
[3]
En donde fue trasladado tras la
guerra civil, como causa de una confusión a la hora de devolver la obra a su
lugar de origen una vez finalizada dicha contienda.
[4] Por
Agustin Palacios Martínez, sabemos que Úbeda
durante este período no tuvo frentes de guerra, puesto que ambos se encontraban
en Alcalá la Real y en la provincia de Córdoba, respectivamente. Por lo que
tratará de contarnos cómo fue la vida “normal”, sin un frente de guerra…
Comienza el 18 de julio de 1936 con calor
y miedo. La gente se echa a la calle para defender la República (especialmente,
muchas personas del campo) y para que Úbeda se quede en manos republicanas,
empezando a coger resistencia en la ciudad, aunque el secretario Barrios y un
montón de gente del Frente Popular se viera desbordada…
En Úbeda muere gente de uno y otro bando.
Aclara que la Guardia Civil obedecía las órdenes del gobierno en un primer
momento y tuvo un protagonismo alto, mientras que la población de derechas (o
no afecta a los republicanos) se encontraba desarmada…
Seguidamente, refiere el asalto a iglesias
y conventos. No nombrará a todas las iglesias, aunque sí especialmente a
algunas, como la de El Salvador, mientras que la UGT se opone a la CNT,
remitiéndolos al ayuntamiento para dilatar el asalto que luego finalmente se
producirá. También entran y saquean la iglesia de Santa Clara, donde se
metieron los refugiados; mientras que en San Nicolás estaba el gremio de
esparteros; San Millán fue establo de animales; Santa María, de refugiados; y
el Hospital de Santiago se compartió y amplió para los enfermos…
Con la documentación que ha ido viendo
nuestro conferenciante, comprueba que se queman imágenes, libros de misa,
ropas, se derriban las campanas…; viendo la prensa “Vida Nueva” concluye que
las autoridades permiten que las turbas se fogueen quemando iglesias antes que
a personas; aunque antes de su destrucción se logran sacar lingotes de oro y
otros productos, afirmando que el frente popular no se queda con nada y que lo
remite todo al gobierno republicano de Valencia. Hay que tener en cuenta que no
se destruye todo: los bancos de iglesia sirvieron para las escuelas; lo que sí
queman son las sillerías con el fin de tener más espacio…
Nos habla de la columna del general Miaja
que viene desde Albacete y pasa por Úbeda, procesionando las tropas por la
calle Trinidad, General Saro, Mesones y Paseo del León para inyectar moral al
pueblo. Y cuenta una anécdota interesante, revelada por Antonio Millán Sánchez:
mientras que los soldados estaban divirtiéndose, se pierden las llaves de
contacto de los camiones, porque las roba un niño y las tira al pozo de su casa
como represalia por tener a su padre preso; por lo que la comitiva militar
tarda en volver a emprender la marcha ya que necesitan coger mecánicos que
puenteen los motores para volverlos a arrancar.
La noche del 30 al 31 de julio del 1936,
la policía estaba protegiendo la segunda cárcel de Úbeda que se encontraba en
“La Casilla”, bajo el reloj, mientras que un grupo de incontrolados asalta la
cárcel de la Avenida de la Libertad y mueren 50 personas… La segunda noche
pretendían asaltar “La Casilla”, pero las mismas fuerzas republicanas logran
meter a los presos en un camión, trasladándolos a Jaén para que allí fuesen
defendidos.
Se prohíbe a la gente que hable de la
guerra y del asalto a la cárcel y se retiran las radios; también se incautan de
forma legal pisos o casas, alegando diversas funciones o excusas:
acuartelamiento, refugiados…
Nos habla de la XXV Brigada Mixta que
contaba de un batallón de voluntarios de Úbeda, Batallón Stalin de Baeza, etc.,
y que tenía cuatro batallones, y contaba con muchos servicios: ferreteros, ametralladoras,
motoristas y ciclistas, etc. Tenía un peso específico en la guerra civil,
aunque iban sin preparación militar, pues con un poco de instrucción ya estaban
listos para el frente de Córdoba, Alcalá la Real y Alcaracejos, para luchar
contra la formación de Queipo de Llano y así alargar la guerra. El objetivo era
frenar el avance de las tropas franquistas, pues se pensaba que Queipo de Llano
iba a conquistar Córdoba y Jaén; pero este objetivo se frustró y el ejército
nacional tuvo que virar hacia Extremadura.
A Pozoblanco se le conocía como
“Pozonegro” por los cientos de ubetenses que murieron en los combates y los
cientos de heridos que trasladan al Hospital de Santiago, muriendo allí
(también) mucha gente.
La XXV Brigada Mixta funcionó hasta combatir
en Levante. Estaba en donde antes se ubicaba el Banco Hispano Americano, hoy
Banco de Santander, en la Corredera de san Fernando, y también en la Casa del
Jodeño. En Úbeda, se instalaron como campamento militar con varias unidades de
caballería, carros de combate, cuerpo de carabineros, campo de aviación en el
Donadío… A todos estos militares, la población tenía la obligación de
mantenerlos. También estaba en Úbeda la División del IX Cuerpo de Andalucía,
que mandaban los militares soviéticos, pues eran los que organizaban el
ejército.
Y el conferenciante llega a preguntarse:
«¿Por qué Úbeda no se bombardeó…?». Aunque hay alguna leyenda popular al
respecto, en realidad la razón de que no se bombardee nuestra ciudad en los
primeros momentos ni después, tanto por el ejército popular como por el
nacional, es que se utilizaban las bombas para los frentes de combate y no se
malgastaban en la retaguardia; aunque sí se bombardeó la estación
Linares-Baeza, puesto que era un nudo ferroviario importante donde llegaban y
partían militares y ejército. Menos mal que no llegó a producirse ningún
bombardeo en nuestra ciudad, porque con los refugios tan mal hechos que
disponía hubiera sido horrible la matanza que se hubiese producido. Y trae a
colación alguno de ellos: Refugio del Mesón Gabino, Ayuntamiento, Trinidad con
una gasolinera al lado, etc. ¡Tuvimos suerte al no ser frente y que por eso no
nos bombardeasen!
[5]
EL
ASALTO A IGLESIAS Y CONVENTOS EN LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA EN ÚBEDA. Agustín
Palacios Martínez. Trabajo Inédito.
[6] aborda, tras largos años de investigación, la
controvertida cuestión de qué ocurrió con las obras de arte salvadas, evacuadas
o depositadas en lugares seguros por la República durante la Guerra Civil
(1936-1939) y cuál fue su destino en la inmediata posguerra franquista
(1939-1945).