Blog que os recomiendo; Santa María de los Reales Alcázares, Iglesia Mayor de Úbeda

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26 ene. 2010

Patrimonio Cultural Perdido en La Iglesia de San Nicolás de Bari de Úbeda.


Desaparecido grupo escultórico del Retablo del Deán Ortega. ( Foto José L. Latorre).

En la iglesia de San Nicolás de Bari, construida entre los siglos XV y XVI, alternan el purismo gótico con el renacentista. Su planta, de tres naves, la cubren bóvedas de crucería sobre pilares de haces de columnas con capiteles de decoración vegetal; su cabeza es poligonal.

Aspecto actual del interior de la Capilla del Deán Ortega. ( Foto J. Almansa Moreno).


Por último nos situamos en el prebisterio, de la iglesia, dónde nos encontramos con un enterramiento, de una extraordinaria categoría y belleza, me refiero a la Monumental Capilla del Deán. Situada inmediata al prebisterio, en el lado del evangelio.



Una obra única, tanto por lo temprano de su ejecución, como por la suntuosidad iconográfica y monumental de su fábrica, es la capilla mandada levantar por el deán de la Catedral de Málaga; don Fernando Ortega Salido hacia 1530 en la parroquia de San Nicolás De Bari .

Es muy posible que, nada más tomado posesión Fernando Ortega del deanato de Málaga, en torno 1527, ideara la creación de esta capilla, que adoptaría el título de la Purísima Concepción de Nuestra Señora, en homenaje a sus padres y como enterramiento -ya en sí lo era- de él mismo y sus antepasados. Esta voluntad inicial, su primitivo deseo de honra filial, es fundamental para comprender el verdadero significado de la fundación y todo el programa ideológico que ésta conlleva. Por ello sería oportuno no olvidar la personalidad y carácter de los padres de nuestro patrono, Bartolomé Ortega Cabrio y San Millán y doña Elena Salido de Ortega hija natural legitimada de don Juan de Ortega Salido, Armero Mayor de Carlos I.

En 1537 Paulo III proporciona al fundador de una bula para poder nombrar patrono abasteciéndola de capellanes y ordenanzas, unidad que cumple en 1550.

En estas constituciones se establece un número de seis sacerdotes capellanes para el servicio divino, auxiliados por un sacristán tonsurado y dos acólitos; encargándose de la visita anual preceptiva el capellán mayor del Salvador y dos dignidades de la Colegial. Y, lo que tal vez sea más interesante, un ritual "de moribus" muy semejante al de la Sacra Capilla de El Salvador, con liturgias conmemorativas del nacimiento del Emperador, día de San Matías, misa cantada de difuntos por su alma; así como la celebración solemne de la fiesta de Todos los Santos, y día de los Difuntos, Pascuas, Viernes Santos, Ascensión de Nuestra Señora, Corpus Christi. Transfiguración del Señor, Epifanía y fiesta del Nombre de Jesús.

Por lo demás, el número de mandas, censos, rentas y juros, dejados como donación es ciertamente cuantioso; también la riqueza de su ajuar litúrgico, entre el que debía encontrarse un célebre cáliz labrado -según el parecer de Ruiz Prieto, aunque ignoramos su fundamento- por Benvenutto Cellini.


La portada , por su verticalidad, ofrece una doble lectura ascendente y descendente. La traza de la gran portada funeraria refleja ya un completo conocimiento del lenguaje clasicista, cuya estructura de arco triunfal manifiesta diseños plenamente renacentistas . Tampoco debemos perder de vista la presencia activa de Aquilis, a quien -documentalmente comprobado- se había encomendado la ejecución de su retablo, simultaneando por aquellos años su actividad en Granada y Úbeda.
Su composición, ya se ha indicado, es de arco triunfal con coronamiento profusamente animado. Y en torno a éste el deán articulará un doble discurso iconográfico: uno cristiano, propiamente eclesiástico; otro referido al tiempo mítico de resonancias paganizantes y fuentes clásicas. En ambos registros, un único motivo de reflexión: la salvación del alma por la mediación divina.

La portada, por su composición vertical, ofrece una doble lectura ascendente y descendente, bien partiendo de los relieves del intradós y su arquivolta, bien descendiendo desde las figuras que coronan la cornisa.

No obstante un motivo capital, si pensamos que el recinto funerario está dedicado a los padres del fundador, saltará inmediatamente a nuestra vista. Son las figuras que con cierta habilidad compositiva se adaptan a sus enjutas: las imágenes de Sansón y Hércules, o lo que es similar, la representación sacralizada de la Fortaleza pagana y la Fortaleza cristiana. Ambos personajes, uno procedente del Antiguo Testamento, otro de la cultura clásica y la mejor tradición erasmista, vienen a sintetizar un mismo concepto de virtud, en el seno de un discurso donde quedan reconciliadas ambas visiones del mundo. Y qué mejor que la fortaleza, simbolizada en ambos héroes, para alabar la perpetua memoria de un hombre de armas, don Bartolomé Ortega Cabrio, cuya virtuosa vida, esfuerzo y valor, son ejemplos de un universo medieval va legendario


Los símbolos cristianos, como los de tantas otras culturas y religiones, beben de símbolos paganos, absorbidos e integrados en una hábil operación ante la resistencia de los ciudadanos a abandonar sus referencias de siempre.

Dos hermosas columnas corintias de fuste rayado, interrumpido por argollas de calaveras y cabezas de ángeles, muerte y resurrección del alma. Pero la portada entraña en sí también un mensaje referido al tránsito del espíritu hacia el más allá. Es el alma que, en forma de pequeño querubín volátil, ofrece su rostro de angustia y sufrimiento en las basas de las pilastras, alegoría del campo virulento. Y es esta misma alma la que, a través de los relieves de las jambas, emprende su viaje de emancipación ascendente. En la jamba derecha son delfines los encargados de ayudar en esta misión. En la jamba izquierda las figuras, de sirenas, esta vez en su representación original Éste tiene su representación a la derecha en forma de pelícanos místicos : la gran ave se abre el pecho para alimentar con su sangre a sus polluelos. El uno alimenta a los tres. Cristo vive en nosotros. La imagen corresponde a Cristo saliendo del ataúd. Cuando en misa el cura bebe el cáliz con vino, está bebiendo simbólicamente la sangre de Cristo, recibiendo la vida de él.


. Al otro lado, a su vez, el amor estaría presente en los relieves de la jamba izquierda por medio de cornucopias llameantes con antorchas. Estas son emblema del Amor divino, '`llama de amor viva" que inflaman el corazón del creyente tras haber recibido la gracia de la fe, luz que ilumina el camino de la Salvación.

Enmarca esta puerta dos hermosas columnas corintias de fuste estriado, interrumpido por argollas de calaveras y querubines. Y. sobre ellas el remate. Éste, en la cúspide lateral simboliza a dos personajes desnudos portando el de la izquierda un vaso o jarra, mientras que el de la derecha sostiene en sus manos una máscara. Emblemas adversos de la virtud y el pecado


No sucederá así con otras máscaras, esta vez representadas en el friso -afrontadas a sus extremos-, que son sujetas por ángeles alados. Éstas, por contra, son máscaras de los vientos, símbolo ya convencional en el arte funerario romano (propio del Bajo Imperio y de las religiones mistéricas), cuya función es propulsar con su soplo el alma de los difuntos.

Completa el friso los relieves de tres bustos masculinos, posible alusión a los patrocinadores de esta obra, o tal vez representación figurada de profetas o filósofos de la Antigüedad. Mas la misiva de salvación, para un cristiano y más si éste es clérigo, estaría incompleta sin la presencia de un programa redentorista netamente religioso.

Éste surgirá en la parte más elevada de la portada, sobre su cornisa, donde podemos contemplar las imágenes en bulto redondo del Arcángel San Gabriel y la Virgen María, representando el pasaje evangélico de la Anunciación. Y es que, en definitiva, era este episodio con el que había dado comienzo el misterio de la Redención de Cristo, el principio del fin de la salvación humana.

Sobre el arquitrabe, y en la misma cornisa corrida, se apoya en el centro un tarjetón en el que se puede leer: "Ab espectacione mea". Rematándose con un hermoso blasón que se halla soportado por niños y esta dentro de un tondo que esta sostenido a su vez por dos seres mitológicos que soportan hacheros. A ambos lados dos nuevas cartelas. Es el mensaje clarificador de los Salmos escogido por el deán: "Para mi salvación. No me confundas, Señor. Ayúdame y seré salvo". Curiosa es también la representación superior del tondo; una mujer a punto de concebir, ¿para luego abortar?, ya que tiene en sus manos unas tijeras; lo que simboliza confusamente el nacimiento o la muerte.

Esta presentación escultórica queda perfeccionada por su extraordinaria reja , tal vez la más hermosa de la ciudad, y en su interior el retablo de Julio de Aquilis.

La reja que -en palabras de Domínguez Cubero- "muy bien podría servir de prototipo jiennense", consta de dos cuerpos de balaustres, separados por soportes capitales apeados sobre plintos.

Estos plintos, o basamentos, ofrecen unos relieves cincelados con las figuras de un joven recostado sobre un león y un niño que estrangula unas serpientes. Son, nuevamente, representaciones de Hércules que es en suma, una clara referencia al pecado vencido por la obra redentora de Cristo, que nos alude al motivo central de la reja: la Virgen Inmaculada, nueva Eva y corredentora de la Humanidad, que aplasta el pecado simbolizado en la iconografía concepcionista por un reptil.

La calle central, donde se abre la puerta, presenta sobrepuerta con heráldica sostenidas por elegantes y manieristas tenantes desnudos y grifos, los ya familiares y míticos monstruos, híbridos de águila y león, consagrados en la tradición griega a Apolo Sauróctono para la guarda de los tesoros.

Más es en su medio punto donde ha de proseguir el mensaje doctrinal del "monumentum", toda vez que nos hallamos ante un auténtico retablo que se inserta en el vacío de la puerta. Y este retablo, al igual que la advocación de la capilla, está consagrado a la Asunción de María, cuya figura, coronada por Dios Padre, preside el frontis.

La imagen de la Virgen está rodeada de cuatro ángeles que la elevan al Cielo, en tanto que los angelotes hacen sonar instrumentos musicales. En los copetes laterales dos broqueles con las imágenes de San Bartolomé y San Francisco son sostenidos por atlantes.

Según nos dice Arsenio Moreno Mendoza “…San Bartolomé, con los atributos de su martirio, es un homenaje al padre del fundador, su santo patrón. San Francisco, a su vez, debía de gozar de la devoción familiar de los Ortega pues, en el convento de San Francisco de Asís en Úbeda, donde en 1561 se había hallado una imagen de Nuestra Señora de los Ángeles, "la cual por inmemorial de gentes estaba aquí escondida" Cristóbal de Ortega había fundado patronato y capilla en tiempos del Emperador…”

En agosto de 1592, fue efectuado el dorado y la policromía de la reja por Antonio de Aquilis, hijo de Julio.

Nos explica Miguel Campos Ruiz : “…en el interior de la capilla se destacan por su mérito artístico la bóveda de nervios y el retablo…”. Acerca de la fábrica interior de la capilla Lázaro Gila Medina , nos cuenta: “… su interior, cuya riqueza mobiliaria hubo de se excepcional, por los pocos restos que nos quedan, se cubre con una elegante bóveda estrellada de cuatro puntas –la más hermosa de toda la zona-, adornada con ricos florones de madera, con delicados relieves y filigranas…”

El retablo desmantelado en la Guerra Civil, debió haberse labrado a partir de 1545 habiendo desempeñando las tareas de entallador Juan de Reolid, un tal Tálamo y Julio de Aquilis. Aún disponemos de las descripciones que nos han dejado autores como Ruiz Prieto o Romero de Torres y fotografías de su anterior estado a 1936 . De él, en la actualidad, conservamos su mesa y estructura: dos pares de columnas abalaustradas, friso superior de grutescos y un muy volado entablamento y cornisa.

A tenor de éstas el retablo, presentaba, tres calles, enmarcadas por pareadas columnas, ocupando la central una hornacina con la imagen de la "Tota Pulchra", de talla natural, elevada por los ángeles y coronada por la Santísima Trinidad. En sus calles laterales, sobre predelas, cuatro cuadros -dos a cada lado- con la representación de "pasajes de la historia de María y la de su Santísimo Hijo".

Es bastante posible que dos de éstos, concretamente una Presentación en el Templo y la Visita de la Virgen a su prima Santa Isabel, -depositadas en la iglesia de San Pedro- nos inducen a creer que estas obras fueron ejecutadas por Aquilis, autor del cual apenas conocemos otras muestras salvo las pinturas murales del Tocador de la Reina en la Alhambra.


Junto a la Capilla del Deán, se encuentra el púlpito de forja, del siglo XVI. Enfrente nos encontramos con la monumental puerta de acceso a la sacristía. Esta puerta en estilo manierista, mandada hacer por el obispo don Diego de los Cobos, obra de Vandelvira, es de gran belleza, al igual que la sacristía y antesacristía.

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