25 sept 2026

Entre el incienso y el Nirvana: Lo que la Iglesia de San Pablo de Úbeda comparte con el Budismo

 





Autor: Juan Ángel López Barrionuevo.



En el riguroso terreno de la historiografía crítica y la antropología comparada —ámbitos a menudo refractarios al peso del dogma local y a las inercias de la hagiografía beata—, pocas experiencias humanas comparten un simbolismo tan universal y transformador como el tránsito liminal de la noche al día. La institución histórica de la misa del Alba en la iglesia de San Pablo de Úbeda —fundada formalmente a principios del siglo XVII mediante las disposiciones testamentarias del linaje de los De la Torre— no constituye únicamente un hito archivístico de la religiosidad barroca andaluza que desafía los mitos del folclorismo beato, sino la manifestación occidental de un arquetipo antropológico profundo: la imperiosa necesidad de sacralizar el primer aliento de la jornada al margen de cualquier monopolio eclesial.

Al cruzar esta perspectiva documental y desmitificadora con el pensamiento oriental, se revela un sólido y sugerente paralelismo con la filosofía del budismo y su concepto axial de Bodhi o despertar. Tanto el tañido de la campana con el que el sacristán ubetense arrancaba metódicamente a los fieles de su letargo matutino como la severa práctica meditativa del alba en las tradiciones theravada y zen operan bajo un mismo principio metafísico y soteriológico: la ruptura drástica del sueño ordinario para disipar las sombras de la ignorancia (avidya) y acceder a una lucidez de la conciencia atenta (sati) que subvierte el automatismo dogmático. De este modo, la memoria archivística de Úbeda y la soteriología oriental convergen en un mismo umbral crítico, evidenciando ante el inmovilismo local que consagrar las primeras luces del día responde a una aspiración universal de renovación espiritual que trasciende con creces las estrecheces de la ortodoxia provincial.



De la Capilla de San Ildefonso a la Memoria del Alba


La documentación histórico-artística sitúa este fenómeno con absoluta precisión a comienzos del siglo XVII. En el templo renacentista y gótico de San Pablo existía la capilla de San Ildefonso, patronato estrechamente relacionado con el linaje de los De la Torre. El investigador y historiador del arte Antonio Almagro García, tras una rigurosa labor sobre los fondos del Archivo Histórico Municipal de Úbeda y los archivos parroquiales, identifica esta estancia como el núcleo devocional y familiar de los De la Torre. En la misma línea, el estudio académico de José Miguel Gámez Salas documenta la profunda transformación arquitectónica e iconográfica operada en el espacio a principios del Seiscientos bajo el impulso de Luis de la Torre y Ana de la Torre.


El dato documental definitivo descansa en las disposiciones testamentarias de Luis de la Torre Arredondo. Ginés de la Jara Torres Navarrete, en su monumental obra Historia de Úbeda en sus documentos, rescata el testamento otorgado en la ciudad el 27 de mayo de 1617 ante el escribano Pedro Rodríguez de Córdoba. En dicho documento se instituyó formalmente la celebración de la misa del Alba, obligando al sacristán de San Pablo a madrugar, abrir el templo a primera hora y tañer la campana para convocar a los fieles. No se trataba de un acto esporádico, sino de un rito fundacional diseñado para sacralizar el alba, el primer aliento de la jornada cotidiana.


La denominación arraigó de tal manera en el tejido social que el cronista Miguel Ruiz Prieto, en su Historia de Úbeda (1906), lo explica de forma diáfana al referirse a la capilla de San Ildefonso:


«Esta capilla se llamó del alba, porque a esta hora se decía en ella una misa».


Asimismo, Ruiz Prieto aporta un dato de gran valor cronológico: debido a unas reformas ejecutadas en el coro que redujeron el espacio disponible para los fieles, la celebración fue trasladada en 1759 al altar mayor del templo. Sin embargo, el peso de la tradición nominal sobrevivió al traslado espacial. Documentos del siglo XVIII —como el testamento de Lope Adriano Melgarejo Chirino de la Cueva (1775) o el de Jacinto de la Torre y Flores, regidor y patrono, fechado en 1787— continúan designando el recinto funerario como la «capilla del Alba».


Urbanismo y Tradición: El Tabladillo de San Pablo y los Auroros


Un aspecto fascinante de este enclave es su porosidad con el espacio público. La capilla se hallaba orientada hacia la antigua Plaza del Mercado (hoy Plaza Primero de Mayo). En este frente urbano se erigía el célebre Tabladillo de San Pablo, dotado de un balcón mirador desde el cual el patrono y los capellanes presenciaban los festejos taurinos y regocijos públicos que albergaba la plaza, fundiendo la liturgia privada con la sociabilidad barroca del concejo.


Con el devenir de los siglos, la historiografía contemporánea y el folclorismo comenzaron a utilizar de manera indistinta los nombres de San Ildefonso, de la Aurora y del Alba. Gámez Salas emplea esa doble nomenclatura al estudiar la iconografía musical de los templos ubetenses. Sin embargo, se impone una rigurosa distinción metodológica:


  • Lo históricamente documentado: La existencia de la misa del Alba, promovida por los De la Torre, sin rastro documental en San Pablo de hermandades de "auroros" con cantos callejeros de madrugada o instrumentación específica vinculada a este encargo concreto.


  • La tradición popular: La asimilación de la misa del Alba con las extendidas agrupaciones de auroros y campanilleros andaluces, un fenómeno de religiosidad popular muy vivo en Jaén que popularizó el término "de los Auroros" por el propio carácter matutino de la liturgia.



Una Perspectiva Filosófico-Comparada: La Misa del Alba y la Vía del Despertar (Budismo)





Desde una perspectiva hermenéutica y antropológica, la institución de una «misa del alba» en el amanecer del día guarda profundas y sorprendentes resonancias con las tradiciones orientales, en particular con la filosofía y la práctica del budismo.


En la tradición budista, el concepto de Bodhi (traducido habitualmente como «iluminación» o, de manera más precisa, como «despertar») constituye el núcleo soteriológico de la enseñanza. El inicio del día (el alba) no es meramente un marcador cronológico en Occidente ni un simple cambio de turno en Oriente; representa ontológicamente el tránsito de la oscuridad de la ignorancia (avidya) a la lucidez de la conciencia atenta (sati).


La ruptura del sueño ordinario

Tanto en la liturgia católica ubetense —donde el tañido de la campana del sacristán a primera hora arranca al fiel de su letargo nocturno— como en las prácticas meditativas del alba en los monasterios zen o theravada (pratipaksha / atención matutina), el amanecer funciona como un catalizador metafísico. El madrugar interrumpe el ciclo automático de los condicionamientos mundanos.


El espacio sagrado como mente

Del mismo modo que la capilla de San Ildefonso/del Alba fue esculpida, reformada y dotada de rentas materiales para albergar la presencia de lo trascendente al romper el día, la mente del practicante budista se cultiva en las horas matutinas ("el rocío de la mañana") cuando el mundo externo aún calla y las distracciones conceptuales son menores.


La memoria y la impermanencia

Los testamentos de los miembros de la familia De la Torre buscaban fijar la memoria eterna del alma a través de la plegaria matutina frente a la fugacidad del tiempo y la muerte. En el pensamiento budista, contemplar el alba de cada día es una meditación directa sobre la impermanencia (anicca): cada amanecer es un renacimiento que disuelve el pasado y recuerda la urgencia espiritual del presente.


Así, la misa del Alba de Úbeda y la noción budista del despertar convergen en un arquetipo universal: el tiempo liminal del alba como el momento propicio para reorientar el espíritu humano hacia lo eterno o lo absoluto, despojándose de las sombras del sueño material.


Conclusión

El análisis crítico de los documentos custodiados en los archivos ubetenses nos obliga a matizar el romanticismo de la tradición oral: la denominación rigurosa para la fundación de Luis de la Torre en la iglesia de San Pablo es la misa del Alba, siendo la etiqueta de «los Auroros» una cristalización folclórica posterior y legítima de la religiosidad popular andaluza. Lejos de restar valor al patrimonio inmaterial ubetense, esta precisión documental enriquece nuestra comprensión del siglo XVII jiennense. Al mismo tiempo, contemplar este rito a través del espejo de filosofías universales como el despertar budista nos recuerda que la obsesión humana por consagrar las primeras luces del día responde a una profunda necesidad antropológica: la búsqueda constante de claridad, renovación y trascendencia en el umbral de cada jornada.



Bibliografía y Fuentes Consultadas


  • Almagro García, Antonio: Arte y artistas en la sociedad ubetense del siglo XVII. Investigación basada en fondos del Archivo Histórico Municipal de Úbeda y Archivo Parroquial de San Pablo.


  • Gámez Salas, José Miguel: «La iconografía musical en la Úbeda eclesiástica», Boletín del Instituto de Estudios Giennenses, n.º 218, 2018, pp. 493-526.


  • Ruiz Prieto, Miguel: Historia de Úbeda, tomo II, Noticias y documentos de la historia eclesiástica de la ciudad. 1ª edición de 1906. Edición digital conmemorativa de la Asociación Cultural Ubetense Alfredo Cazabán Laguna (especialmente p. 64).


  • Torres Navarrete, Ginés de la Jara: Historia de Úbeda en sus documentos. Edición digital de la Asociación Cultural Ubetense Alfredo Cazabán Laguna (referencias a protocolos notariales y testamentos de Luis de la Torre Arredondo de 1617, Lope Adriano Melgarejo de 1775 y Jacinto de la Torre de 1787).


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