Juan Ángel López Barrionuevo
La festividad litúrgica y la advocación de Nuestra Señora del Pilar constituyen un eje teológico, histórico y antropológico de primer orden en el ámbito hispánico. La tradición oral y escrita relata la manifestación en carne mortal de la Santísima Virgen María en Caesaraugusta (Zaragoza) sobre una columna de jaspe ante el Apóstol Santiago el Mayor, hecho que la historiografía tradicional ha venido señalando como el origen del primer santuario mariano de la cristiandad.
No obstante, desde la perspectiva de la crítica historiográfica moderna, es preciso matizar que las fuentes documentales directas sobre el suceso apostólico presentan un vacío cronológico hasta la aparición de testimonios tardomedievales, como el Códice de las Moralia in Job (siglo XIII). A pesar de ello, la arqueología y la epigrafía cristiana antigua —representadas por vestigios como el sarcófago paleocristiano de Santa Engracia (siglo IV) y diversas crónicas altomedievales— atestiguan una prolongada continuidad del culto mariano y la sacralización ininterrumpida de la ribera del Ebro.
Análisis fenomenológico: Pervivencias paganas e interpretatio christiana
Desde los parámetros de la antropología de la religión y la fenomenología de lo sagrado (en la línea teórica de autores como Mircea Eliade), el fenómeno pilarista constituye un caso paradigmático de cristianización de geografías y sustratos cultuales preexistentes a través del principio de la interpretatio christiana:
El pilar como axis mundi: La veneración de la columna de piedra absorbe y resemantiza los cultos litólatras prerromanos y las tradiciones vinculadas a los lapides adorati o béthylos paganos. La piedra primordial deja de ser un objeto telúrico autónomo para convertirse en un símbolo de firmeza espiritual, estabilidad dogmática y eje cósmico que une lo celeste y lo terrenal.
Sacralización fluvial y de fertilidad: La localización primigenia del santuario en el entorno inmediato del río Ebro evidencia una clara asimilación de antiguos cultos hídricos y agrarios dedicados a las ninfas, divinidades fluviales y los numina protectores de la naturaleza.
Sustitución de deidades locales: El despliegue iconográfico y devocional mariano opera como un mecanismo de continuidad sincretica donde el culto cristiano no erradica violentamente el pasado, sino que lo transfigura, subordinando las antiguas potencias agrarias a la figura mediadora de la Virgen María.
La Ermita del Pilar de Úbeda (Ermita del Paje) y la cristianización del espacio agrario
La proyección meridional de esta advocación aragonesa encuentra en Andalucía, concretamente en la ciudad jiennense de Úbeda, un caso de estudio de excepcional interés etnológico e histórico:
Fundación y etimología popular: El templo fue erigido en el año 1709 por iniciativa del presbítero don Francisco de Pagez y Segura, siendo su traza y ejecución material obra del maestro cantero Fernando López. Con el devenir de las décadas, la habitual deriva fonética y la asimilación popular del apellido del fundador (Pagez) consolidaron la denominación tradicional de Ermita del Paje.
Dimensión apotropaica y sacralización de las eras de trilla: La ubicación original del santuario se planificó en el espacio periurbano de la ciudad, un sector geográfico ocupado por las eras de trilla. En el marco de las sociedades preindustriales, las eras constituían espacios liminares, expuestos e inestables, fuertemente vinculados a ritos atávicos, supersticiones agrarias y temores ante las inclemencias meteorológicas. El emplazamiento de la ermita dotó a este paisaje laboral de una estricta función apotropaica —protección frente a plagas, tormentas y granizadas—, sacralizando el ciclo agrícola y neutralizando los vestigios del paganismo agrario circundante.
Evolución urbana e institucional: A lo largo del siglo XX, el crecimiento demográfico y la consiguiente expansión del entramado urbano ubetense integraron plenamente el edificio en la trama de la ciudad. Como reflejo de su pujanza pastoral, en 1973 fue erigida como sede parroquial, culminando su proceso institucional en 1998 mediante su fusión canónica para constituir la actual Parroquia de Nuestra Señora del Pilar y Santa Teresa.
Conclusión
La expansión devocional de la Virgen del Pilar —desde el remoto pilar zaragozano hasta enclaves andaluces tan singulares como la Ermita del Paje en Úbeda— manifiesta la notable capacidad de adaptación de la religiosidad barroca. Este proceso no se redujo a una simple expansión geográfica de un culto regional, sino que supuso una compleja transformación de los espacios socioeconómicos vulnerables (las eras de trilla) en centros de cohesión y sacralización comunitaria. De este modo, la piedad popular ubetense logró suturar la tradición apostólica aragonesa con las necesidades de protección material y espiritual de su propia tierra, sintetizando en un mismo horizonte simbólico la fe, el poblamiento y el paisaje agrario.
V. Bibliografía aconsejada
Alcorlo, R. (1992). La devoción mariana en la España Moderna: orígenes y proyección de la Virgen del Pilar. Madrid: Ediciones Cristiandad.
Cazabán Laguna, A. (1915). Ermitas y santuarios de la provincia de Jaén. Jaén: Imprenta de Don Lope de Sosa.
Eliade, M. (1981). Lo sagrado y lo profano. Madrid: Guadarrama.
Red Jaén / Patrimonio de Úbeda (2005). Ficha histórica e inventario monumental: Ermita de Nuestra Señora del Pilar (del Paje).
Ruiz Prieto, M. (1906). Historia de la ciudad de Úbeda. Granada: Imprenta de Leocadio López.



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