"Recreación digital mediante Inteligencia Artificial de la torre de San Nicolás en su máximo esplendor, basada en datos históricos previos a su recorte de 1832 tras los daños del Terremoto de Lisboa."
Juan Ángel López Barrionuevo.
En el skyline de Úbeda, ciudad donde el Renacimiento se hizo piedra, existe una silueta que desafía la simetría perfecta de sus vecinas. Es la torre de la Iglesia de San Nicolás de Bari. Hoy la vemos robusta, casi achaparrada, pero hubo un tiempo en que fue el "faro" de la ciudad, la estructura más alta y orgullosa de la comarca, hasta que la tierra tembló y el destino decidió recortar sus alas.
¿Qué es el "Skyline" de Úbeda?
Cuando hablamos del skyline (o perfil urbano), nos referimos a esa silueta que forman los edificios contra el cielo. El de Úbeda es único porque, en lugar de rascacielos, lo definen torres renacentistas y cúpulas. Sin embargo, este horizonte es un organismo vivo que ha mutado: la Úbeda que vemos hoy es mucho más baja y "dentada" que la de hace tres siglos, habiendo perdido numerosas torres, puertas y murallas por el camino.
El Esplendor de la Atalaya Renacentista
Durante los siglos XVI y XVII, San Nicolás no era solo una parroquia; era el epicentro de uno de los barrios más dinámicos de Úbeda. Su torre, construida con la inconfundible cantería dorada de la zona, se elevaba hacia el cielo con una esbeltez que despertaba envidias.
No era solo un campanario, sino un símbolo de poder arquitectónico en una ciudad que competía por la gloria visual. Sin embargo, toda esa verticalidad se vería amenazada por un evento que cambió la geografía emocional y física de toda Europa.
1755: El día que la tierra rugió (El Terremoto de Lisboa)
El 1 de noviembre de 1755, festividad de Todos los Santos, el suelo de la Península Ibérica comenzó a oscilar violentamente. A las 9:40 de la mañana, un seísmo con epicentro en el Océano Atlántico (estimado hoy en una magnitud de 8.5 a 9.0) devastó Lisboa. Pero sus ondas no se detuvieron en la costa.
El impacto en Úbeda:
Aunque Lisboa quedaba a cientos de kilómetros, el terremoto de 1755 fue uno de los desastres naturales más mortíferos de la historia de España. En Úbeda, las crónicas de la época relatan el pánico en las iglesias, que estaban llenas de fieles por la misa de difuntos.
La torre de San Nicolás, debido a su gran altura y a una cimentación que ya sufría el paso del tiempo, absorbió el impacto de forma crítica. El movimiento telúrico provocó:
Grietas estructurales profundas en los cuerpos superiores.
Desplazamiento del eje de gravedad de la torre.
Debilitamiento de los arcos que sostenían el campanario original.
Aunque la torre no cayó ese día, quedó "herida de muerte". Durante las décadas siguientes, cada tormenta o pequeño asentamiento del terreno desprendía cascotes sobre las viviendas del barrio, convirtiendo al antiguo orgullo en un peligro constante.
1832: La Amputación Necesaria
Tras casi 80 años de parches y miedos, la situación se hizo insostenible. En 1832, bajo el reinado de Fernando VII y en una España económicamente agotada, no había fondos para la costosa restauración que requería volver a consolidar los cuerpos superiores.
La solución fue pragmática y dolorosa: el recorte. Se procedió a demoler la sección superior, eliminando los cuerpos de campanas más ligeros y decorados para dejar modificando solo el fuste macizo que vemos hoy. Esta "amputación" salvó el resto del templo, pero dejó a la iglesia con ese aspecto truncado, como un gigante al que le habían arrebatado su corona.
Un Tesoro entre Ruinas: La Mano de Vandelvira
Pese a la mutilación de su torre, San Nicolás custodia joyas que la sitúan en la élite del arte universal. Su portada de poniente, proyectada por el genio Andrés de Vandelvira en 1566, es un manual de teología tallado en piedra.
El Simbolismo: En sus relieves platerescos, se observa un contraste fascinante entre la vida (querubines y formas vegetales) y la brevedad de la existencia (calaveras), una reflexión muy propia del humanismo renacentista.
La Capilla del Deán Ortega: En su interior, esta capilla compite en refinamiento con la mismísima Sacra Capilla del Salvador. Su reja de forja es una obra maestra de la artesanía local, y su portada interior es un despliegue de elegancia que justifica, por sí sola, la visita.
Un Símbolo de Resiliencia
Hoy, la torre de San Nicolás es un monumento a la supervivencia. Ya no busca ser la más alta; ahora es la que mejor cuenta las cicatrices de la historia. Visitarla es un acto de justicia para una Úbeda menos fotogénica pero más auténtica, donde la belleza no reside en la perfección, sino en la capacidad de seguir en pie a pesar de los envites de la naturaleza.
Dato curioso: Si observas la torre desde la distancia adecuada, aún puedes imaginar la magnitud de lo que fue, un gigante que el destino recortó, pero que el tiempo convirtió en leyenda.
Bibliografía Consultada
Arsenio Moreno Mendoza, Úbeda. Renacimiento y Ciudad, Editorial Sílex.
Juan Ángel López Barragán, Iglesias y Conventos de Úbeda, Guía Histórica.
Archivo Municipal de Úbeda, Actas de reparaciones de templos tras el Terremoto de Lisboa (1755).
Registros de la Diócesis de Jaén, Crónica de la reforma de San Nicolás de Bari de 1832.










