3 sept 2026

El Convento de San Andrés de Úbeda (Dominicos): Historia, Arquitectura Estructural, Claustro y Desaparición de un Inmueble Emblemático





Autor: Juan Ángel López Barrionuevo

Resumen


El presente artículo de investigación aborda la trayectoria histórica, arquitectónica y social del desaparecido Convento de San Andrés de la Orden de Predicadores (Dominicos) en la ciudad de Úbeda. A través de la documentación histórica procedente de los fondos locales y los archivos conventuales, se analiza su proceso fundacional a principios del siglo XVI bajo el mecenazgo de doña Beatriz Pacheco de Benavides, la configuración espacial y ornamental de su iglesia y dependencias conventuales —destacando sus capillas patronales y elementos arquitectónicos singulares—, así como su progresivo declive material tras las exclaustraciones del siglo XIX. Finalmente, se examina el proceso de demolición parcial, las catástrofes estructurales acaecidas en sus ruinas y la posterior transformación del solar hasta albergar instituciones educativas contemporáneas como el actual IES Francisco de los Cobos.

1. Introducción y Orígenes Fundacionales


El Convento de San Andrés de Úbeda, perteneciente a la Orden de Predicadores (Dominicos), tuvo sus orígenes en un antiguo hospital e hospicio dedicado al Apóstol San Andrés, cuyo fundador inicial fue Andrés de Cazorla y Alarcos. Este benefactor fundó una cofradía que ofreció el hospital a los religiosos de Nuestra Señora de la Merced para iniciar la fábrica. Sin embargo, al considerar que la Orden de Predicadores sería más idónea para la enseñanza de los fieles, Alarcos revocó la decisión y, con licencia del obispo de Jaén, otorgó la posesión del hospital a los dominicos el 20 de agosto de 1516, a pesar de la oposición inicial de los mercedarios respaldados por una provisión de la Chancillería de Granada.

Por su parte, el cronista Martín de Ximena Jurado sitúa la fecha fundacional y el impulso constructivo hacia 1531, año en el que comenzó propiamente la edificación de la iglesia y las dependencias conventuales. Para llevar a cabo esta obra, Fray Domingo de Baltanás recibió una ayuda económica decisiva de doña Beatriz Pacheco de Benavides —hija de los condes de Santisteban del Puerto—, quien había testado dejando como herederos a los frailes dominicos para erigir un monasterio, estipulando que, de no realizarse en Navas de San Juan, se hiciera en la casa de San Andrés de Úbeda, donde finalmente quedó enterrada en la capilla mayor como patrona de la misma.


Fotografía del archivo de Gabriel Delgado Juan que muestra un aspecto del desaparecido Convento de San Andrés de Úbeda y su entorno urbano, cuya fábrica e iglesia destacaron por su sólida construcción de sillería y mampostería antes de su progresivo declive, demolición parcial y posterior transformación del solar.



Versión coloreada y recreada digitalmente a partir de la fotografía del archivo de Gabriel Delgado Juan, centrada en la puerta principal de acceso a la Iglesia del desaparecido Convento de San Andrés de Úbeda, cuya estructura amenazaba ruina a principios de la década de 1842 antes de su derribo parcial por el valor material de sus sillares.



2. Descripción Estructural y Arquitectónica de la Iglesia


El cronista de la Orden, el Padre Lorea, dejó constancia de la magnificencia del templo al afirmar que «la Iglesia es la mejor de aquella ciudad, de excelente fábrica, y el sitio el mejor de Úbeda por estar en la plaza...». Estructuralmente, el edificio destacaba por su gran capacidad, su notable elevación y una sólida fábrica de sillería y mampostería.




  • Los paramentos, machones y bóvedas: La iglesia contaba con una sólida estructura de muros y contrafuertes (machones). Las crónicas y actas capitulares del siglo XIX detallan que los arcos de la iglesia volteaban sobre machones principales —como el primer machón sobre el que se apoyaban las bóvedas, que en 1849 presentaba un desplome de dos pulgadas—. Las cubiertas combinaban tramos abovedados con techumbres de madera en las naves, destacando la techumbre de la nave frente a la solidez de la Capilla Mayor y una media naranja que resistió mejor el paso del tiempo. La pared principal de la iglesia orientada al mediodía contaba con una gran abertura fruto del asiento original de la obra, la cual se mantuvo estable durante decenios sin registrar alteraciones graves.


Estudio analítico y transversal de la portada renacentista del desaparecido Convento de San Andrés de Úbeda (Siglo XVI). Esta lámina desglosa el complejo programa iconográfico y arquitectónico de la monumental obra de sillería que constituía el acceso principal al templo dominico —la única gran estructura que logró salvarse de la demolición total del complejo monástico, siendo rescatada y trasplantada en 1956 a la calle del Toril.

El análisis visual pone de relieve el sincretismo artístico y cultural que define el edificio, estructurado en tres niveles que dialogan entre el dogma y la estética:

  • El Nivel Superior (El Triunfo de la Ortodoxia): Centrado en la hornacina avenerada que cobija la escultura de bulto redondo del apóstol San Andrés portando la cruz decussata, reflejando el fervor contrarreformista, la purificación bautismal y el martirio por la fe.

  • El Nivel Intermedio (El Humanismo Clásico): Compuesto por un friso horizontal de clara raigambre grecorromana adornado con paneles de cabezas clásicas, putti y guirnaldas vegetales entrelazadas que simbolizan la virtud y la abundancia cristianizada.

  • El Nivel Inferior y los Soportes (El Enigma Geométrico): Integrado por capiteles y jambas que incorporan medallones con patrones de radios concéntricos, evocando una sutil abstracción geométrica y oriental que contrasta armónicamente con el canon clásico pagano y la rigurosidad del dogma cristiano originario del cenobio fundado bajo el mecenazgo de doña Beatriz Pacheco de Benavides.




  • Las Portadas:

    • La puerta principal o portada secundaria de acceso: Situada de forma que su arco amenazaba ruina a principios de la década de 1842, lo que motivó su derribo parcial por el valor material de sus artísticos sillares. Estaba orientada de modo que la primera capilla a mano izquierda al entrar era la de San Blas.

    • La segunda y principal portada: Una monumental obra de sillería que constituía el acceso principal al templo, la cual corrió mejor suerte al ser rescatada y trasplantada en 1956 a la calle del Toril (actual de San Juan de la Cruz),  durante la construcción de un nuevo edificio escolar.




  • Primera fotografía: Vista general de la segunda y principal portada del desaparecido Convento de San Andrés de Úbeda, rescatada y trasplantada en 1956 a la calle del Toril. La imagen ha sido procesada con IA para recrear visualmente el aspecto original de la monumental obra de sillería, incluyendo la reconstrucción de la desaparecida escultura de San Andrés en su hornacina superior.

  • Segunda fotografía: Primer plano de la portada principal del antiguo cenobio dominico ubetense. Mediante técnicas de IA, se ha mejorado y reconstruido digitalmente la hornacina superior con la escultura de bulto redondo del apóstol San Andrés y sus atributos, permitiendo apreciar el detalle del friso clásico y el arco de acceso.




  • El Coro: Situado en alto a los pies de la iglesia, contaba con una arquitectura espaciosa donde los hermanos coristas entonaban salmos y que, tras la exclaustración, fue adaptado efímeramente como escuela pública de niños.


3. Las Capillas Interiores y su Configuración









Recreación infográfica y volumétrica del antiguo convento de San Andrés de Úbeda. El conjunto muestra, de manera integral, la fachada principal de sillería pétrea con su portada renacentista (desmontada en 1956) y la torre campanario (Fig. 1); la planimetría cenital y axonométrica que detalla la distribución de la nave principal, el claustro alto y las capillas nobiliarias más destacadas, como la Capilla Mayor, la de Jesús Nazareno —con su claraboya de comunicación— y la de San Blas (Fig. 2); y, finalmente, un corte transversal en sección que revela la organización espacial interior a base de arcos fajones, bóvedas y los suntuosos retablos de madera financiados por los patronatos y cofradías locales (Fig. 3).


El espacio interior de la iglesia estaba jalonado por numerosas capillas laterales financiadas por patronatos nobiliarios y cofradías locales, cada una con estructuras y elementos ornamentales propios:


  • La Capilla Mayor: Situada en el presbiterio principal, fue patronato de doña Beatriz Pacheco de Benavides. Tras diversos pleitos en la Real Chancillería de Granada, los derechos pasaron a la familia de don Luis de Valencia y, posteriormente, al canónigo de la Colegiata don Francisco Ruiz Alférez.

  • Capilla de Nuestro Padre Jesús Nazareno: Cedida por los dominicos a los cofrades el 3 de marzo de 1578. Estaba ubicada en el cuerpo de la iglesia. En 1769, ante la necesidad de mayor decencia cultual, los cofrades acordaron con el tallista Juan Guardia la construcción de un retablo de madera que ocupaba todo el frente de la capilla. Esta reforma incluyó desmontar el adorno antiguo de yeso, arreglar el camarín, abrir una claraboya con rejón de hierro y red de alambre conectada con el claustro alto (a imitación de la capilla de San Vicente), ensanchar la ventana para ganar iluminación, ampliar la mesa del altar y ochavar la grada por la entrada de la capilla de San Vicente.

  • Capilla de Nuestra Señora del Rosario: Una de las más suntuosas, levantada originalmente en 1644 por don Francisco de San Martín y Arredondo y su esposa doña Catalina de Salazar, y ampliada posteriormente en 1652 con un espacioso y bello camarín para la imagen. Su capilla contaba con titularidad de patronazgo de figuras como don Francisco de Guzmán.

  • Capilla de San Blas: Descrita en los protocolos notariales como «la primera a mano izquierda como se entra por la puerta principal». En 1681 doña María Salido de Baeza fundó en ella una capellanía colativa dotada de una finca de viñedos y bodega en la Cañada del Sotillo. Estructuralmente, disponía de un orificio en la pared protegido con una puerta, rejilla de hierro y un sistema de tres llaves y candados (para el Prior, el patrono y el capellán más antiguo) destinado a custodiar los documentos fundacionales y censos.

  • Otras capillas menores: El templo albergaba asimismo las capillas de Santo Domingo de Guzmán (donde se custodiaba un diente del santo en relicario de plata y un Lignum Crucis), el altar y retablo de San Vicente Ferrer (dotado con limosnas y legados testamentarios en 1769), la capilla de San Juan de Letrán (situada frente a la puerta del Mercado), la Capilla de Guarda, la Capilla de San Jacinto y el altar de Nuestra Señora de las Nieves.

4. El Claustro y las Dependencias Conventuales


El complejo monástico se completaba con las dependencias destinadas a la vida de la comunidad dominica, articuladas en torno al claustro:

  • El Claustro y el Confesonario Singular: El claustro constituía el eje de distribución del convento. En él se encontraba un elemento arquitectónico singular: un confesonario situado al pie de una escalera que comunicaba directamente una de las capillas de la iglesia con el claustro. Este espacio estuvo rodeado de una profunda leyenda local en torno a 1670, cuando se oyeron golpes nocturnos que condujeron al hallazgo de un tesoro oculto destinado a sufragar misas por un alma en Purgatorio, tras lo cual el confesonario fue definitivamente tapiado con yeso y ladrillo.

  • La Celda Prioral y Zonas de Servicio: Gracias a los legados de benefactores como el canónigo Francisco Ruiz Alférez, a finales del siglo XVII se proyectó la construcción de un cuerpo alto y bajo destinado a celda prioral, extendiéndose desde el lienzo del refectorio hasta la puerta de la celda previa. Asimismo, el convento disponía de infraestructuras económicas anejas, como un molino aceitero propio alimentado por el caudal de agua concedido por el Concejo municipal y vinculado a sus explotaciones agrícolas, destacando el cortijo de "La Oya de Marco" en Torreperogil.

5. Historia, Declive y Transformación del Inmueble


La vida de la comunidad conventual discurrió entre las limosnas públicas, las predicaciones comarcanas y su labor como capellanes del Ayuntamiento (función por la que recibían inicialmente una retribución en maravedíes que posteriormente fue permutada en 1601 por el derecho a una paja de agua potable para su abasto). Asimismo, los dominicos jugaron un papel espiritual relevante en crisis históricas, como la epidemia de peste de 1681, en la que la imagen de Jesús Nazareno procesionó para el consuelo de los enfermos hospitalizados.

El declive material e institucional del conjunto se precipitó radicalmente en el siglo XIX:

  1. Exclaustraciones y Abandono: Con los convulsos acontecimientos políticos del siglo XIX, el convento sufrió sucesivas exclaustraciones (1808, 1814, 1820) hasta la exclaustración definitiva de 1835 bajo el priorato de Fray Pedro de Bujalance, momento en el que la comunidad abandonó el edificio portando únicamente lo puesto.

  2. Degradación y Usos Inadecuados: Tras quedar sin culto, el edificio sufrió un abandono sistemático. En 1842 el Ayuntamiento ordenó derribar el arco de una de las puertas por amenaza de ruina. El templo llegó a ser empleado indebidamente como establo para caballerías y cerdos, así como vivienda precaria para numerosas familias.

  3. La Intervención de 1847 y el Derribo del Convento: Aunque en 1847 se planeó la demolición total, la intervención del prócer ubetense don Ramón Messia y Aranda y la posterior cesión real de la reina Isabel II al municipio para "objetos de utilidad pública" frenaron la piqueta en la iglesia. No obstante, el resto del convento fue derribado y sus materiales vendidos por 45.000 reales para financiar la reforma y pavimentación de la Plaza del Mercado.

  4. De Pósito y Alhóndiga a la Catástrofe de 1855: La iglesia fue adaptada temporalmente como mercado-alhóndiga para pescados y granos, y se proyectó un pósito municipal. Sin embargo, el deterioro estructural acumulado pasó factura: en 1849 se suspendieron las obras por el desplome de un muro y, finalmente, el 27 de marzo de 1855 se produjo la catástrofe con el desplome generalizado de una gran parte del edificio de San Andrés sobre las familias que lo habitaban, provocando varios heridos graves y la muerte de una anciana y un niño pequeño, a pesar de los heroicos rescates de los albañiles y la milicia nacional.

  5. Usos Contemporáneos del Solar: En las décadas siguientes, el solar y sus restos reestructurados sirvieron como Cuartel de la Remonta militar (desde 1840 hasta el siglo XX) y, posteriormente, como la Casa del Pueblo del PSOE durante la Segunda República (1931). En 1958, tras la cesión al Ministerio de Educación Nacional, se construyó un nuevo edificio sobrio destinado a la Escuela de Maestría Industrial, cuyas instalaciones fueron adaptadas en 1986 para albergar el actual Instituto de Educación Secundaria "Francisco de los Cobos".

De este modo, la ambiciosa arquitectura gótico-renacentista del antiguo convento y de su magnífica iglesia desapareció casi por completo, quedando reducida en la actualidad a la memoria documental de los archivos históricos y al testimonio aislado de su portada principal, reubicada en el tejido urbano contemporáneo de Úbeda.



Detalle de la portada principal del antiguo convento de San Andrés de Úbeda. Esta pieza de sillería pétrea, de estilo renacentista y enmarcada aquí en una recreación de tipo bajorrelieve, es el único vestigio monumental que sobrevivió al derribo generalizado del complejo conventual en el siglo XIX. Tras la exclaustración definitiva de 1835 y la catástrofe del desplome del edificio en 1855, la portada fue reubicada en su actual emplazamiento en la calle Toril o San Juan de la Cruz, convirtiéndose en el principal testimonio físico de la desaparecida arquitectura de la iglesia, que sirvió de refugio a familias, cuartel de caballería y pósito municipal. Se aprecian las columnas clásicas estriadas, el arco de medio punto y la hornacina de remate superior.



Conclusión


El análisis histórico y arquitectónico del Convento de San Andrés de Úbeda permite evidenciar la profunda transformación que sufrieron los grandes complejos monásticos andaluces tras los procesos desamortizadores y las exclaustraciones del siglo XIX. Nacido bajo el fervor religioso del Renacimiento y sostenido por el patronazgo nobiliario y las élites locales, este cenobio dominico no solo destacó por la magnificencia de su fábrica e iglesia —repleta de capillas de gran riqueza ornamental y cofradías de arraigada devoción—, sino también por su integración activa en el tejido asistencial, espiritual y económico de la ciudad.

La pérdida paulatina de su función cultual condujo a una lamentable degradación material que culminó en desastres arquitectónicos y demoliciones drásticas a mediados del siglo XIX. No obstante, el solar que un día ocupó su iglesia y dependencias ha demostrado una notable resiliencia histórica, logrando mutar sus usos a lo largo del tiempo —desde cuartel militar y centro de abastecimiento hasta su consolidación actual como espacio educativo con el IES Francisco de los Cobos—. De este modo, la memoria del Convento de San Andrés pervive hoy no solo en los repertorios documentales y archivos históricos, sino también como un estrato fundamental en la evolución urbanística e identitaria del patrimonio histórico de Úbeda.

Bibliografía Consultada


  • Ruiz Prieto, D. Miguel. Historia de Úbeda, Tomo II (Capítulo II, Sección IV, páginas 139 a 141).

  • Torres Navarrete, Ginés de la Jara. Historia de Úbeda en sus documentos, Tomo III.

  • Archivos Históricos Municipales y Protocolos Notariales de Úbeda (referencias a capellanías, testamentos y actas capitulares del siglo XIX).

  • Documentación institucional y memoria histórica del IES Francisco de los Cobos de Úbeda.

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Autor: Juan Ángel López Barrionuevo Resumen El presente artículo de investigación aborda la trayectoria histórica, arquitectónica y social ...